Prensa anarquista y anarcosindicalista en España, 1869-1939

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Introducción general

Esta tesis está dedicada a todos aquellos que lucharon - aún a riesgo de su vida - por lo que ellos llamaban el Ideal

La conspiración de silencio a que estuvo so metido bajo la dictadura franquista, contribuyó no poco a suprimir una de las bases más importantes en las que el movimiento anarquista se había apoyado hasta el desastre del 39: la propaganda.

La producción clandestina que fue muy prolífica hasta el inicio de la década de los 50, fue decayendo a lo largo de ella hasta casi desparecer por completo a principios de la década siguiente. En todo caso había servido para testimoniar que el espíritu de lucha no había desaparecido, sino que adoptaba nuevas formas. Pero la represión era demasiado violenta para poder resistir durante mucho tiempo en condiciones tan difíciles.

En la década de los cincuenta toma el relevo la producción propagandística del exilio que irá adquiriendo en años sucesivos un volumen considerable. Francia, México, Norte de África, Inglaterra e incluso Estados Unidos serían sus puntos de irradiación más importantes [1].

Sin embargo su influencia en el interior de nuestro país iba a ser prácticamente nula. Anclada en un glorioso pasado, sin conexiones eficaces con la realidad interna, sería incapaz de cubrir el abismo ideológico que como desgarradura creciente se iría ampliando sin cesar.

La muerte del dictador abrió unas expectativas que fueron inmediatamente aprovechadas. El movimiento anarquista pareció resurgir de nuevo y su prensa tuvo un momento de esplendoroso florecimiento. pero no pudo resistir la presión de los nuevos tiempos. A la creciente dificultad de partir de condiciones adversas. A la falta de adecuación teórica a una realidad distinta, se unía también un exilio hegemonizador que fue incapaz de darse cuenta de la brecha que en los años anteriores había sido abierta entre unas concepciones que respondían a unas épocas ya pasadas y una realidad española que había evolucionado huérfana de la difusión de unas ideas que hubieran presentado una alternativa anarquista a la dictadura franquista.

A todo ello hay que añadir las transformaciones económico-sociales que se habían operado en nuestro país. El desarrollismo de los años sesenta configuró una mentalidad obrera que orientó sus expectativas hacia una transformación democrática de la sociedad. Fuertemente influida por el Partido Comunista, mejor situado por sus características bajo la dictadura, una parte de la clase trabajadora no dudó en seguir sus directrices.

Es decir, bajo la dictadura había desparecido ese hilo conductor que en otras épocas difíciles había servido al movimiento anarquista para no perder completamente su razón de ser como tal.

Con todo, esta conspiración de silencio a que aludí amos al principio, no impidió que a mediados de la década de los sesenta comenzara a hacerse manifiesta, al calor del renovado interés en los medios universitarios por los movimientos sociales, una marcada tendencia a estudiar el movimiento anarquista. A los estudios pioneros de Casimiro Martí o Termes Ardevol, se unieron los de Álvarez Junco, Antonio Elorza, Antonio Calero y más recientemente toda una pléyade de historiadores, sociólogos o politólogos.

Pero este interés por los movimientos sociales en nuestro país, hundía sus raíces en la lucha antifranquista que se había extendido a amplias capas de la población y a la que se iban sumando jóvenes universitarios e intelectuales, al socaire del desarrollismo económico de la década de los sesenta.

Quizá esto explique que no se abordara en aquellos cruciales momentos el estudio sistemático de una de las principales fuentes con las que cuenta el movimiento obrero: su prensa [2].

Ya hace bastantes años, en la cresta de la ola de los estudios y publicaciones sobre el movimiento obrero, Víctor Manuel Arbeloa intentó llamar la atención sobre este insólito hecho:
«Como ya lo he repetido en otras ocasiones, a la hora en que muchos pretenden escribir la síntesis de nuestra historia social, estamos todavía descubriendo los puntos elementales, casi ocultos hasta ahora, de esa misma historia. Estamos haciendo posibles fundamentales y urgentísimos análisis, modestos y pacientes, pero base única y condición sine qua de cualquier historia posterior que quiera ser algo más que mero plagio consabido o declamación ensayística, a que hemos estado condenados tanto tiempo por estas tierras. [3]»

Por lo que hace referencia a la prensa obrera poco se ha adelantado desde entonces. Seguimos careciendo de un catálogo de la misma y ni tan siquiera poseemos una relación aproximada de su estado de conservación en términos cuantitativos.

Recientemente un profesor de allende los Pirineos seguía insistiendo sobre el mismo tema: «Sin embargo y a pesar de algunos trabajos, el panorama que podemos trazar en la actualidad de la historia de la prensa obrera es bastante desolador: poquísimos estudios de conjunto, rarísimas monografías, repertorios de prensa apenas iniciados… [4]»

No obstante, la importancia capital que el estudio de la prensa obrera reviste, ya fue señalado por uno de los pioneros del estudio de los movimientos sociales en nuestro país al que antes hacíamos mención:
«La prensa, junto con el folleto y la propaganda oral, eran los únicos medios de difusión de las doctrinas obreristas… Un estudio riguroso, exhaustivo, de estos materiales al menos de los que fuesen hallados en hemerotecas, bibliotecas públicas o colecciones particulares (…) permitiría profundizar en la realidad social española y analizar más adecuadamente el obrerismo del periodo estudiado. [5]»

Algunos años más tarde otro historiador extendía consideraciones parecidas al panorama más amplio de la prensa en general:
«Siendo la historia de la prensa uno de los campos más vivos y ricos, en especial en el siglo XIX, con más fácil manejo, y datos en cierto modo ordenados, es casi extraña la poca atención que ha despertado, y muy tardíamente este tema… [6]»

Llegados a este punto no creemos necesario insistir en la importancia que el estudio de la prensa obrera tiene para el conocimiento de este movimiento. Sin embargo nuestros objetivos van a reducirse a una parte o fracción del mismo: el movimiento anarquista. Pretendemos demostrar - y esto enlazaría con las consideraciones que apuntábamos al principio - que la propaganda - y dentro de ella, ocupando un lugar de primerísima importancia, la prensa en sentido genérico (periódicos, revistas, etc.) - ha sido una de las principales bases de sustentación del movimiento anarquista en el sentido más amplio (grupos anarquistas, organizaciones específicas, movimiento obrero de tendencia anarquista, anarcosindicalismo, sindicalismo revolucionario, etc.) en nuestro país.

Esta será la parte principal de la tesis cuyas ramificaciones estarán encaminadas a demostrar que la prensa era la manifestación más evidente de su fuerza en una coyuntura determinada, guardando una relación directamente proporcional. Como corolario la represión golpeaba casi siempre en primer lugar en los órganos de expresión del movimiento en la creencia, seguramente, de que desaparecidos sus medios de comunicación la consecuencia inmediata sería la desorganización y el hundimiento generalizado.

Por otro lado la prensa anarquista es una de las principales fuentes - posiblemente la única - para adentrarnos en el conocimiento de un sector del movimiento poco estudiado y que sin embargo fue fundamental en su desarrollo: los grupos anarquistas.

Adolfo Bueso con su habitual "objetividad" así nos los describe:
«…hombres que se llamaban de acción, que se reunían por grupos que ellos llamaban de “afinidad”, compuestos de media docena de hombres y mujeres, animados muchos de ellos por un espíritu de protesta ante las injusticias sociales, pero la mayoría sin cultura alguna, sin estudios serios del problema, todo lo más, mal alimentados espiritualmente por media docena de folletos y la lectura, a trompicones, del inevitable libro, La conquista del pan. [7]»

Gustavo La Iglesia [8] también los analiza someramente, vertiendo de ellos una opinión poco halagüeña. Para este autor, «los fines prácticos que estos grupos realizan en todas partes es el socorro pecuniario y el auxilio desinteresado a los compañeros presos en la localidad o que por ella transitan, conducidos por la fuerza pública o en calidad de propagandistas, emigrantes o huidos de su país natal. [9]»

Pero al margen de anécdotas más o menos interesantes hubiera sido impensable un desarrollo tan extraordinario de la propaganda y de su difusión ideológica sin su concurso. Constantemente los periódicos o revistas anarquistas nos comunican la constitución en este o en aquel lugar de un grupo, detallando sus características y los objetivos que perseguía.

Aunque a primera vista parezca poco fructífero, un estudio paciente y detallado de los mismos, nos proporcionaría no pocas sorpresas. Su época dorada la situamos aproximadamente a principios de siglo, renaciendo en la primera posguerra, después de una etapa de decadencia, culminando en la Federación de Grupos Anarquistas y en la posterior creación de la FAI.

Estamos convencidos de que habría que exprimir el periódico obrero hasta sacarle la última gota de tinta, verterla sobre un crisol en el que fundida con arte y mediante cuidadosos métodos científicos, obtendríamos una mixtura ideal para trazar con hábiles pinceladas un cuadro lo más completo posible del movimiento obrero.

Para cubrir nuestros objetivos hemos dividido el presente trabajo en dos bloques perfectamente diferenciados. El primero analizará la evolución histórica de la prensa anarquista entre su surgimiento con la I Internacional y el final de la dictadura de Primo de Rivera. Todo límite cronológico resulta, en última instancia, arbitrario y este además tiene el grave inconveniente de cubrir un espacio de tiempo considerable. Excesivo para poder hacer el análisis profundo que un trabajo de esta naturaleza requiere.

La justificación se encuentra en las características propias y en la naturaleza intrínseca de la tesis. Nuestro interés se centraba en el período en el que el movimiento anarquista fue uno de los principales protagonistas de la historia social en España. El análisis de su evolución debiera haber continuado, pues, hasta el final de la guerra civil; sin embargo esto hubiera supuesto un aumento considerable del trabajo a y optamos por detener nuestra investigación en el año 1930, basándome en la hipótesis de que hasta ese año se han trazado ya las líneas maestras que configuraron el movimiento anarquista en nuestro país y que el período 1931-1939 no hace sino desarrollar de forma creciente las cuestiones y la problemática que anteriormente solo había sido esbozada. Igual puede decirse de su prensa. Es decir, que el estudio de los años 1869-1930 nos dará una idea clara del desarrollo de la prensa anarquista. Desarrollo que conocería un aumento sin precedentes a partir del final de la dictadura de Primo de Rivera y espectacular a partir del 19 de julio de 1936.

Esta primera parte irá acompañada de un apéndice documental formado por una selección de escritos que traten diversos aspectos de los periódicos anarquistas y escritos teóricos que analicen el papel de la propaganda en el seno de un movimiento que se pretende revolucionario. El apéndice lo completarán una serie de gráficos en los que quedará reflejada la evolución de la prensa anarquista y otra serie en la que se plasmará su desigual distribución geográfica.

Incluiremos una selectiva bibliografía conectada de modo directo con la temática tratada en el presente trabajo, compuesta por aquellas obras o documentos de archivo de los cuales hemos hecho uso y a los que hemos tenido un acceso directo.

La segunda parte de la tesis la compone un - pretendidamente - exhaustivo catálogo de la prensa anarquista aparecida en España entre el surgimiento de la I Internacional entre nosotros y el final de la guerra civil. Debido a las consideraciones apuntadas para la parte analítica, los años republicanos - 1931/39 - forman un apéndice que completa la parte anterior muchísimo más elaborada.

Aunque en su lugar correspondiente se traza un detallado cuadro de su disposición, elaboración, metodología y cuantas precisiones son necesarias para su mejor uso y comprensión, avancemos que este catálogo se presenta cronológicamente, individualizando cada título de periódico o revista en una ficha técnica que nos proporcione una visión amplia del mismo, completándolo con dos índices alfabéticos: uno general y otro por provincias.

Las dificultades con las que nos tropezamos al encarar un trabajo de estas características provienen principalmente de la propia naturaleza del material objeto de la investigación.

Ya ha sido señalado en más de una ocasión el carácter fragmentario de las fuentes del movimiento obrero. Antonio Elorza lo describía con estas palabras:
«La dispersión y el considerable nivel de pérdida de las fuentes correspondientes a nuestra historia contemporánea ha sido posiblemente la causa del retraso en el conocimiento histórico de las organizaciones sindicales en general y de la Confederación Nacional del Trabajo de modo muy especial. [10]»

Se refiere después al estado de fragmentación de Solidaridad Obrera de Barcelona y nosotros añadiríamos que esa fragmentación es más considerable en los momentos más críticos, lo cual hace más sensible su pérdida. Igual podríamos decir de la fase valenciana de Solidaridad obrera, de la que solo se han conservado algunos números y, en definitiva, - como señala el citado Elorza - «peor aún es, dentro de nuestro limitado conocimiento, la situación de las fuentes en casi toda Andalucía. [11]»

Como consecuencia y con el fin de no limitar nuestro estudio a la prensa conservada en bibliotecas, hemerotecas, archivos o centros especializados y ampliar el campo todo lo posible hasta intentar abarcar el panorama completo de la prensa anarquista publicada en nuestro país, hemos debido recurrir constantemente a fuentes indirectas.

Sobre todo a la propia prensa anarquista conservada que nos ha suministrado una abundante información de periódicos y revistas que casi con toda seguridad podemos hoy dar por perdidos. En la medida de lo posible hemos recurrido también a la prensa diaria, pero hemos encontrado muy pocas referencias y la búsqueda ha resultado, en líneas generales, bastante infructuosa.

Las memorias y autobiografías han resultado, en algunos casos, de gran utilidad para el trabajo que nos ocupa, aunque mucho menos de lo que esperábamos; sin embargo han servido para corroborar o desechar algún detalle de cierto interés.

Las estadísticas de la prensa que el gobierno elaboró en contadas ocasiones [12], no nos han servido prácticamente para nada en nuestro estudio. Entre los motivos que se pueden aducir resalta, sobre todo, la falta de un apartado específico para dicha prensa y las lagunas de la misma que quizá resulta lógico en este tipo de publicaciones, poco relevante desde el punto de vista de las empresas periodísticas que configuran el panorama de la prensa periódica en nuestro país.

En cierto modo es interesante la crítica que El Productor de Barcelona [13] hacía de la que puede ser considerada con propiedad la primera de la serie [14]. Después de acusar recibo de esta estadística de manos del gobierno civil, comienza su crítica diciendo que este organismo - Dirección General de Seguridad - no es el más idóneo para hacerla, porque como dicen pronto veremos al de Fomento hacer una estadística de timadores, etc.

Por lo que respecta al contenido es defectuoso en la medida en que deja de mencionar varios periódicos socialistas que se publicaban en ese momento, solo cita 8 y en realidad se estaban publicando 11, sin mencionar los boletines de los ateneos obreros que al fin y al cabo pueden considerarse socialistas.

Debemos dejar constancia, no obstante, de que nos ha sido materialmente imposible consultar algunos archivos que probablemente suministren información referente a la prensa anarquista.

Concretamente el Archivo Histórico Nacional, en la parte reservada a la correspondencia cursada entre los gobernadores civiles de las respectivas provincias y el ministro del interior, nos habría - quizá - suministrado detalles de las causas por las cuales una publicación anarquista era suspendida o las circunstancias que rodeaban el encarcelamiento de tal o cual redactor de un periódico o revista.

Si bien es cierto, por otra parte, que estos detalles los hemos recogido de la propia prensa afín que no deja en ningún momento de proporcionarlos y de dar cumplida cuenta de cuanto acontece en el ámbito periodístico anárquico. La consulta de aquella fuente hubiera servido en todo caso para confirmarlos.

Tampoco hemos tenido ocasión de consultar la correspondencia privada inédita de los militantes anarquistas en la medida en que se conservan. Principalmente el Archivo de Historia Social de Amsterdam con los fondos de Diego Abad de Santillán [15] y otros. O el fondo Hermoso Plaja conservado en la Biblioteca Arús. Aunque resulta dudosa la utilización de esta fuente - seguramente nuestras expectativas de encontrar algo interesante se verían frustradas - pueden confirmar aspectos que hoy todavía consideramos inciertos.

Por último tampoco ha sido utilizada la fuente «Timbre de Periódicos», gracias a la cual es posible «conocer la distribución de la prensa de una ciudad fuera de su propia localidad, es decir, la distribución por medio del Correo. [16]» Hubiera significado un trabajo ímprobo y de dudosa rentabilidad. Ciertamente en la medida en que los periódicos anarquistas utilizaran este sistema podríamos averiguar su difusión fuera de su localidad. Este dato es muy difícil de conseguir por otros medios - salvo raras excepciones [17].

Podríamos aproximarnos bastante si elaborásemos - con un estudio paciente - unas estadísticas basadas en las listas de suscripciones y donativos, así como el envío de paquetes, que los periódicos anarquistas tenían la buena costumbre de incluir en sus páginas. De este modo se ahorraban los gastos que hubiera supuesto el tener que confirmar a cada uno en particular la recepción de la cantidad enviada por aquél. De hecho muchos periódicos titulaban a esta sección: «Contrabando Postal».

El análisis de la prensa anarquista lo hemos enfocado fundamentalmente desde la óptica general de la propaganda. No era nuestro propósito hacer un estudio de su contenido ni tampoco un vaciado temático de sus artículos. Todo ello rebasaría ampliamente los límites propuestos. Partimos de la hipótesis de que el periódico anarquista puede ser analizado - en punto a la propaganda - a tres niveles diferentes imbricados entre si. Por un lado la propia vida del periódico con sus vicisitudes, formas de encarar la propaganda e implantación en el medio del que surge. Sus redactores y los grupos que más directamente lo apoyaron serán quienes - en última instancia - le configurarán su forma definitiva. A un segundo nivel debemos situarlo junto con el resto de prensa anarquista coetánea en la época concreta en la que nace y que, en cierta manera, marcará su trayectoria. Relaciones con la prensa afín, posicionamiento del periódico con relación a los demás, etc. y por último, considerado globalmente, el tipo de influencias que determinó en la evolución de la propaganda anarquista.

Antes de finalizar creemos indispensable hacer una serie de precisiones metodológicas y explicar algunos conceptos con el fin de evitar confusiones y tratar de dejar claramente establecidas las bases de las que partimos en nuestro trabajo.

Englobamos a toda la prensa anarquista dentro de la categoría de prensa obrera. Salvo contadas excepciones - que afectan principalmente a las revistas - los periódicos anarquistas fueron redactados por obreros, daban a la noticia obrera importancia primordial y a esta clase iban dirigidos casi exclusivamente. En todo caso cabría categorizarlos por su mayor o menor vinculación con el movimiento obrero, pero partiendo del supuesto de que todos - salvo las contadas excepciones a que nos hemos referido - estaban vinculados, de una u otra forma, a él.


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[1A lo que alcanzan nuestros conocimientos no se ha intentado ni tan solo un somero análisis de esta abundante producción anarquista en el exilio entre los años 1939-1976

[2Casimiro Martí hizo un primer balance de los estuidos sobre el movimiento obrero entre 1900-1936, en el marco del IV Coloquio de Pau, que puede consultarse en las pags. 27-52 del libro colectivo, Movimiento obrtero, política y literatura en la España Contemporánea, Madrid, 1974. Posteriormente Carlos Rama llevó a cabo un balance similar, con iguales límites cronológicos, sobre los estudios del anarquismo, pags. 55-78 del libro colectivo, Teoría y práctica del movimiento obrero en España (1900-1936), Valencia, 1977 [existen dos versiones anteriores de este mismo trabajo publicadas respectivamente en Convivium (Barcelona), 44/45 (1975), 123-135 y Revista de Trabajo (Madrid), 51 (jul./sep. 1975), 149-163]. Más recientemente, Tuñón de Lara llevó a cabo un estado de la cuestión de la historia del movimiento obrero en España, en el marco del X Coloquio de Pau. Puede consultarse este trabajo en el libro colectivo, Historiografía española contemporánea, Madrid, 1980, pags. 231-250

[3«La prensa obrera en Barcelona (1882-1923)», Cuadernos de historia económica de Cataluña (Barcelona), VIII (1972), 119. Desgraciadamente Arbeloa se quedó en el áspero camino.

[4Juan Luis Guereña, «Introducción al estudio de la prensa obrera española en el siglo XIX», Estudios… Homenaje a Tuñón de Lara, tomo III, pag. 145

[5Josep Termes, Anarquismo y sindicalismo en España. La 1ª Internacional (1864-1881), Barcelona, 1977, pags. 310-311; pags. 133 de la ed. de 1965, cit., por Juan Luis Guereña, art. cit.

[6Eloy Fernández Clemente, «La prensa “material” de estudio para el historiador», Movimiento obrero, política…, pag. 211

[7Adolfo Bueso, Recuerdos de un cenetista, Barcelona, 1976, tomo I, pags. 148-149. Para una descripción del grupo Redención del que formó parte el autor, vid., pags. 154-158

[8Gustavo La Iglesia, Caracteres del anarquismo en la actualidad, Barcelona, 1907, pags. 292 y sgs. En pags. 293-295 - en nota - puede verse una lista bastante amplia de los grupos anarquistas de que el autor tenía conocimiento en diferentes ciudades españolas y también en el extranjero.

[9Id., pag. 295

[10«El anarcosindicalismo español bajo la dictadura (I)», Revista de Trabajo (Madrid), 39/40 (jul.-dic. 1972), pag. 123

[11Ibid.

[12Guereña ha llevado a cabo un análisis bastante interesante del contenido de dichas estadísticas, vid., «Las estadísticas oficales de la prensa (1867-1927)», Metodología de la historia de la prensa, pags. 81-118 y la bibliografía del presente estudio. Desvois, incluye algunas de estas en su estudio sobre la prensa española, vid., La prensa en España (1900-1931), Madrid, 1977

[13I,52 (29 jul. 1887), 3

[14Ministerio de la Gobernación. Dirección General de Seguridad, Estadística de la prensa periódica, imp. de M. Tello, Madrid, 1888, 24 pags. (esta estadística se refiere al 31 de diciembre de 1887, pero hubo un ensayo anterior referida al 30 de junio)

[15Esta correspondencia privada de Diego Abad de Santillán ha sido - al parecer - ampliamente consultada por Antonio Elorza para su trabajo, El anarcosindicalismo español bajo la dictadura, cit.

[16Celso Almuiña, La prensa vallisoletana durante el siglo XIX (1808-1894), Valladolid, 1977, tomo I, pag. 147

[17Solidaridad Obrera de Bilbao publicó una estadística de su tirada y distribución, pero son casos aislados y en general poco frecuentes.


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