Prensa anarquista y anarcosindicalista en España, 1869-1939

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Conclusiones

Conclusiones

Dado el carácter de la presente tesis y debido a la ausencia de otros estudios similares sobre la prensa anarquista o la prensa obrera en general, las conclusiones tendrán que ser, necesariamente, provisionales.

Creemos que está bastante probado el interés de los anarquistas por la propaganda. Referida a la prensa periódica, más de ochocientas cabeceras distintas de periódicos y revistas en el espacio que media entre 1869 y 1939 - esto es, setenta años - lo demuestran de manera concluyente.

El periódico fue - en el período estudiado - el principal baluarte desde el cual preparar, ensayar y coordinar los esfuerzos encaminados - teóricamente - a un mismo fin: el aniquilamiento de la actual sociedad y la construcción en su lugar de otra, sustentada en los principios de libertad y justicia social.

Fue un arma de lucha ofensiva tanto como defensiva. Plataforma de información directa, donde lo importante era combinar el apoyo a las luchas obreras con las denuncias por los atropellos del gobierno o la burguesía.

Fue también herramienta útil para elevar el conocimiento de la clase obrera y vehículo ideológico de excepción en todo momento.

No se regatearon esfuerzos para contribuir a la proliferación de la prensa. Hasta el punto que muchas veces se dispersaban las energías en aras a una descentralización de la información que en ningún momento llegó a ser monopolio de uno u otro grupo.

Por otro lado, los argumentos de aquellos que intentaban demostrar que la proliferación de la prensa la debilitaba toda e impedía su consolidación, no tiene fundamento serio. A no ser el interés por la centralización de la información.

Creemos haber demostrado que la prensa era tanto más fuerte cuantos más periódicos distintos se editaban. El entusiasmo de unos se contagia a los otros y de esta forma el apoyo en general es mucho mayor. El habitante de un lugar concreto apoyaría más decididamente un periódico local o próximo que una prensa más alejada y a ésta la apoyaría con más decisión si existiese esta prensa local que se interacciona con aquella.

A mayor abundamiento, cuantos más periódicos existen la propaganda se puede extender con mayor rapidez y las campañas de prensa pueden ser llevadas con mayor efectividad. Es cierto también, analizando la otra cara de la moneda, que si los recursos se habían de repartir entre más participantes, les correspondería menos a todos y la economía de cada uno de ellos se resentiría. Pero también es cierto que al publicarse más periódicos el alcance total sería mayor, llegando a un número mas elevado de personas y aumentando por tanto los recursos.

Hemos visto que la prensa anarquista atravesó diversas etapas en su evolución histórica. Hasta el punto que bien podríamos establecer una diferencia muy clara entre la prensa anterior a la fundación de la CNT y la que empezó a editarse posteriormente. Pero a lo largo de toda su trayectoria conservó un sustrato común que la hacía perfectamente identificable. Su decidida oposición a toda forma de política y de gobierno y su compromiso con la revolución que en última instancia provocó su violenta desaparición por muchos años.

En sus primeros y vacilantes momentos, la prensa obrera tuvo que adoptar formas y maneras heredadas o aprendidas de otros grupos o formaciones políticas que la tutelaban. Hasta encontrar el camino que le era propio, no sin errores. Sin embargo aprendió pronto a crearse un espacio informativo que había permanecido hasta entonces prácticamente desierto. La experiencia les enseñó a extraer el máximo rendimiento de la noticia y a comunicarla sin excesiva retórica o floritura literaria. No obstante, este campo no estuvo cerrado en las columnas de la prensa anarquista. Muy al contrario, abundaban en sus páginas el cuento, la poesía o el ensayo literario, conscientes, quizá, de que la transmisión del pensamiento revolucionario no tiene por que ser necesariamente prosa árida o amazacotada.

La prensa anarquista contribuyó a crear toda una pléyade de periodistas obreros no profesionales que no dudaban en combinar la herramienta cotidiana del trabajo con la pluma. Desde la fábrica o la cárcel, sus artículos llenaron las páginas de las publicaciones anarquistas, abiertas a todo aquél que quisiera exponer sus ideas, manifestar su opinión o informar puntualmente de algún acontecimiento relevante. Ya fueran éstos, huelgas, detenciones o denuncias por atropellos.

Estos editores, redactores o colaboradores de periódicos anarquistas, no sabían nada o muy poco de teoría de la comunicación. La base de sustentación y la energía necesaria para la transmisión de ideas la apoyaban y extraían de la verdad y la justicia. Estas eran para ellos las expresiones máximas de la pureza de sus propósitos, centrados, evidentemente, en la denuncia de la explotación capitalista y del corrompido aparato político y evidenciados cotidianamente por la represión indiscriminada a que estaba sometido el movimiento obrero.

Pero también podía convertirse en un punto muy vulnerable. La prensa anarquista «legal» podía ser suprimida con relativa facilidad. Si ésta - al igual que el resto de la prensa en general - se benefició de las leyes liberales sobre imprenta, especialmente a partir de 1883, también es cierto que se la sometió en todo momento a denuncias y suspensiones. Esto que - desde el punto de vista del poder - podía estar justificado, no estaba tan claro que lo estuviera desde el punto de vista de la legalidad vigente. Las leyes especiales de represión del anarquismo de finales de siglo golpearon duramente su base propagandística y prácticamente la hicieron desaparecer. Pero permaneció su espíritu de lucha, que unido a sus ideales hicieron que de nuevo germinaran con profusión periódicos y revistas.

El periódico cumplía, además, una función de aglutinante social. En numerosas ocasiones la redacción de un periódico anarquista o anarcosindicalista se convertía en un lugar de reunión o debate, cuando no en un lugar de encuentro o de intercambio de ideas. La prensa se convertía así en algo vivo. En un semillero de ideas en gestación capaces de hacer fructificar un poderoso movimiento, o de hacerlo renacer si las circunstancias por las que atravesaba la organización les eran desfavorables.

Corrientemente la redacción y la imprenta coincidían. Si bien no abundaron las tipografías regentadas por anarquistas, algunas hubieron que llegaron a ser ampliamente conocidas en los medios revolucionarios. La tipografía «La Academia"»de Evaristo Ullastres en el siglo XIX o «Cosmos» de Martí Barrera ya en nuestro siglo, jugaron un importante papel en esta labor de difusión de la prensa anarquista.

Pasando ahora a fijar nuestra atención en el análisis cuantitativo de la prensa anarquista - atendiendo a su distribución geográfica y partiendo de la hipótesis de una relación directa entre la profusión de periódicos y la fortaleza del movimiento, o lo que es lo mismo, entre el movimiento y sus medios de propaganda - se nos confirma lo que ya por otros estudios se había puesto de relieve. La implantación del anarquismo fue muy fuerte en Cataluña, Madrid y Andalucía, siguiéndoles Levante y Aragón. Con algunos núcleos fuertes en Asturias, Murcia, Galicia y Baleares y algo menos en el país Vasco, Canarias y Extremadura.

Pone de relieve, además, que Barcelona y Madrid fueron los dos ejes principales alrededor de los cuales pivotó el movimiento anarquista español. Con las diferencias que ya en su día señalaba muy acertadamente Anselmo Lorenzo:
«Creo, pues, que la misión de Fanelli, limitada a la Barcelona puramente obrera, hubiera fracasado, mientras que en Madrid fundó un verdadero apostolado que, aún sin conseguir la organización de los trabajadores madrileños, ni siquiera modificar en nada sus detestables costumbres ha difundido por todas partes la propaganda y ha fijado la atención de la burguesía política central y del proletariado de provincias, definiendo las ideas y destruyendo preocupaciones con periódicos sostenidos casi sin interrupción…» (El proletariado militante, op. cit., pag. 54)

La escasa base obrera madrileña hizo que los grupos anarquistas se desarrollaran de forma diferente y su prensa, en términos generales, fuera más específicamente ácrata. En Barcelona, por el contrario, influyó de forma decisiva la implantación del anarquismo en el movimiento obrero y su prensa - salvo excepciones, cuyo más importante exponente fue Tierra y Libertad - se vio fuertemente influida por éste.

Esto mismo explica el considerable volumen de la prensa anarquista y anarcosindicalista editada en la región catalana, no solo en cantidad de cabeceras, sino también en estabilidad y duración, debida fundamentalmente a tres factores: Un mayor apoyo y cobertura financiera, consecuencia de una mejor red de distribución y un número mayor de público lector alfabetizado, una mayor implantación del anarquismo y por último una mayor actividad y combatividad, que naturalmente se traducía en el volumen propagandístico.

Su distribución en esta región - cerca del 40% del total de la prensa anarquista publicada en España - es también significativa. El volumen mayor corresponde a Barcelona y provincia con 286 publicaciones - el 30,5% del total. Correspondiendo a Barcelona - en términos absolutos - el mayor número por ciudades, cerca de 200 - aproximadamente el 23,5% del total.

Madrid absorbió prácticamente las energías de la región castellana (con algunos núcleos en Ciudad Real y Cuenca). Por ciudades (identificada con la provincia, será el único caso junto con Málaga y Almería), ocupa el segundo lugar en volumen de prensa. En términos absolutos 94 publicaciones - el 11% del total.

A nivel regional, Andalucía será la siguiente en volumen de prensa con 118 publicaciones - cerca del 14% del total - aunque en esta región estuvo concentrada en zonas muy específicas. Al contrario que Cataluña, su prensa, salvo pocas excepciones, no alcanzó una gran estabilidad ni continuidad. Ello es explicable si tenemos en cuenta el alto índice de analfabetismo que padeció esta zona como mal endémico hasta bien entrado el siglo XX. A ello habría que añadir la falta de grandes núcleos de población, lo cual dificultaba grandemente la distribución y la pobreza crónica del jornalero andaluz, potencial lector de la prensa anarquista. No es desdeñable tampoco la competencia que le hacían publicaciones de otras localidades, fundamentalmente Barcelona y Madrid.

Por ello no es extraño que la prensa anarquista en esta región se concentrara casi exclusivamente en la Andalucía Occidental y principalmente en las ciudades. La provincia de Sevilla fue la que mayor volumen alcanzó - 36 periódicos - y la capital un porcentaje muy elevado - 30. El caso de Córdoba es muy particular; solo se registran 8 publicaciones en toda la provincia y de éstas solo tres en la capital. Esto podría explicarse por el carácter de intermitencia del movimiento campesino en ella, magistralmente descrito por Díaz del Moral.

En la provincia de Cádiz, encontramos una mayor proporcionalidad en la distribución. Del total de 29 publicaciones, 13 fueron editadas en la capital y el resto principalmente en Algeciras, La Línea y San Fernando.

En la región levantina, con 109 publicaciones - casi el 13% del total - aproximadamente los dos tercios están localizados en la provincia de Valencia - 68 publicaciones - y de ellas 58 se editaron en la capital. En Alicante sucede todo lo contrario; de 39 publicaciones, solo 6 se localizan en la capital, situándose el resto principalmente en Alcoy y Elche. Castellón cae fuera de la penetración propagandística anarquista.

En Murcia el peso mayor recayó en Cartagena, donde se localizaron la mayor parte de publicaciones. Otro tanto sucede en Asturias, donde Gijón absorbe el mayor porcentaje en la edición de periódicos.

Por lo que respecta a Galicia, la implantación anarquista se localizó, fundamentalmente, en las provincias de La Coruña y Pontevedra. En la primera tuvieron también gran importancia los movimientos en El Ferrol y en la segunda el núcleo más importante lo constituyó Vigo con ocho publicaciones de un total de nueve.

En el país Vasco, tradicional bastión socialista, la penetración anarquista se realizó a duras penas, localizándose en Bilbao y San Sebastián principalmente.

Por último, en Extremadura existió un excepcional foco de irradiación de la propaganda anarquista en la provincia de Badajoz: la ciudad de Azuaga, sin por ello desdeñar la importancia de la capital de la provincia.

Pasando al análisis del desarrollo histórico de la propaganda periódica anarquista, desde el final de la dictadura de Primo de Rivera, en enero de 1930, hasta el final de la guerra civil, se publicaron alrededor de 300 periódicos - aproximadamente el 35% del volumen total. Esto supone un aumento considerable con respecto a las épocas anteriores. Este aumento fue espectacular durante los tres años que duró la guerra civil. Se publicaron 175 periódicos - aproximadamente el 20% del total - muchos de los cuales fueron diarios.

El período que media entre la reorganización del anarquismo de finales de siglo y el nacimiento de «Solidaridad Obrera» en 1907, fue también muy intenso, por lo que se refiere a la aparición de periódicos. Aproximadamente 130 - alrededor del 15% - aunque hay que tener en cuenta que gran parte de ellos fueron muy efímeros. Con el nacimiento de la CNT esta intensa producción se estabilizaría en el siguiente período. Continuaría la intensa producción popagandística, pero con la notable diferencia de que una gran parte alcanzaría mayor estabilidad y duración, resultado de un mayor apoyo a las mismas por parte de los sindicatos y los grupos.

El paréntesis de la dictadura primorriverista, si bien redujo la propaganda anarquista a su mínima expresión, no la suprimió de modo total ni fue obstáculo para que ésta alcanzara, de forma casi inmediata al desaparecer aquella, el nivel anterior e incluso lo superase en poco tiempo.

En otro orden de cosas, la desfavorable coyuntura político-social que atravesó la CNT en Barcelona, en los años críticos de 1919-1923, no significó un descenso en la actividad propagandística en el resto del país, mas bien al contrario, el protagonismo cenetista, concentrado prácticamente en Cataluña en los años 1910-1918, se diversificó, extendiéndose rápidamente por el resto de la Península. Si el movimiento obrero de tendencia anarquista en Barcelona - como señala Buenacasa - fue siempre norte y guía para todos, no presupuso esto la asunción, por parte de aquél, de un papel de hegemonía absoluta sobre la totalidad del movimiento. Aunque esto parezca desprenderse de algunos estudios históricos sobre el anarcosindicalismo, al fijar su atención casi exclusivamente en el desarrollo de la CNT en Cataluña, obedece esto más a una cuestión de método que a una realidad.

Resulta interesante el análisis de una de las empresas editoriales anarquistas que más fortuna llegó a alcanzar en su cometido, sobre todo si tenemos en cuenta que es un caso particular en el desarrollo de la propaganda anarquista en nuestro país. Situándose entre Madrid y Barcelona, las empresas editoriales de la familia Montseny-Urales, mantuvieron su inalterable trayec toria. Salvando la distancia de veinte años que separa la primera actividad de la segunda, sus proyectos se mantuvieron en la misma línea esbozada en la primera Revista Blanca: Propaganda anarquista dirigida al individuo como sujeto actor del cambio histórico. Las inevitables sociedades obreras debían tratar de coartar lo menos posible la autonomía individual, para ello debían desarrollar al máximo posible la práctica del federalismo. Con la necesaria introducción del sindicato único o de industria se quebraban las secciones de oficio y con ellas la mayor libertad que el individuo disfrutaba en las mismas, al significar una mayor centralización organizativa. Urales siempre puso de manifiesto este aspecto del desarrollo del movimiento anarquista, mostrándose partidario - a contracorriente - de las secciones de oficio.

Su pensamiento federalista quedó patente incluso en la forma de organización de su labor editorial. Sus intentos de diversificación de la propaganda así lo demuestran. Separó - en la medida de lo posible - las diversas áreas de interés propagandístico. Por un lado divulgación de la cultura desde el punto de vista ácrata y por otro información de las luchas obreras, con un punto de interacción entre ambas que las equilibraba. En la primera época La Revista Blanca y el Suplemento trasformado más tarde en Tierra y Libertad. En la segunda, en cuanto las condiciones políticas lo permitieron, junto a la revista se colocó El Luchador. Se añadió además en esta última etapa la variante de la educación por medio del deleite, con la modalidad de las novelitas cortas. Esto explica, en parte, el éxito que llegó a alcanzar.

Finalizamos las presentes conclusiones con unas acertadas palabras de Josep Llunas, que creemos le dan el cierre adecuado:
«Podrá (…) faltarle a la literatura obrerista la lucidez de la frase, la brillantez de las figuras, la cadencia de una prosa que despida notas de harmonía, los períodos grandilocuentes que más exaltan el sufrimiento que hablan a la razón; mas nada de esto es indispensable para convencer de la bondad de una causa, bastando un regular conocimiento de las principales reglas de la Gramática para darse a entender bien a los que no han de juzgar nuestros trabajos literarios por la forma, sino por el fondo; no por la galanura de la frase, sino por la intención que la motiva (…)»

Es literatura obrerista «todo lo que se escribe desde el punto de vista primordial de exponer los males que aquejan a la clase obrera y manifestar las ideas que a juicio del autor puedan regenerarla.» (Prólogo a Justo Vives. Episodio dramático social, pags. 10-14, de Anselmo Lorenzo, cit. por Lida, «Literatura anarquista…», art. cit.)


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