Prensa anarquista y anarcosindicalista en España, 1869-1939

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Introducción al análisis

I.4/ Formas de distribución

Para la prensa anarquista uno de los principales medios de distribución debió ser necesariamente el servicio de correos - al igual que para el resto de la prensa. Utilizando el tren en aquellos puntos en que existía o bien la diligencia cuando no había líneas férreas. En lugares menos afortunados el único medio de transporte era el caballo cuando no medios menos nobles.

Viajar no era fácil, en aquellos tiempos, pero no por ello faltaron incansables viajeros que recorrían la geografía española. Propagandistas anarquistas, caballeros del ideal, viajando en alas del entusiasmo, recorrían las planicies de Castilla o atravesaban montañas hasta llegar a la fértil campiña cordobesa o a las tierra de Sevilla o Cádiz. Con toda probabilidad llevarían consigo periódicos y folletos, volantes, etc. Es indudable su valor propagandístico que inflamaba corazones y se extendía como reguero de pólvora [94]. Pero como medio de distribución resultaba, en el mejor de los casos, ruinoso.

Consecuentemente solo contaban con el servicio de correos para la distribución de la prensa fuera de la localidad. En esta la distribución se hacía por medio del reparto, generalmente realizado por militantes que los llevaban a los kioscos o procedían a su venta directa.

La principal preocupación de un periódico anarquista al nacer era procurarse un número suficiente de direcciones por toda la geografía nacional, para poder crear una red de distribución lo suficientemente amplia para asegurarle su supervivencia. Estas direcciones pertenecían a corresponsales - más comúnmente llamados paqueteros. Este método de distribución resultaba bastante precario, porque - como hemos visto - no todos simpatizaban con el movimiento y estaban en condiciones idóneas para boicotearla.

Mucho más efectiva era la distribución a través de sociedades obreras, cuando éstas existían y querían encargarse de la misma. Solidaridad Obrera de Gijón - en su tercera época (1922-1923) - arbitró una serie de medidas para asegurar la vida al periódico. Entre ellas dispuso el nombramiento de responsables por los sindicatos en las diferentes localidades, con el fin de soslayar al inefable paquetero [95]. Entre otras cosas, sería el encargado de la distribución del periódico. En esta ocasión fue la dictadura la encargada de acabar con éste.

Con el surgimiento de la CNT, pues, y sobre todo con su exansión y consolidación se propició una red de distribución muy efectiva. Sus beneficios se observarían en mayor medida a partir de la II República.

Estas precarias formas de distribución que ponía en constante peligro de desaparición a la prensa anarquista fue el motivo principal del surgimiento de grupos ácratas dispuestos a ayudarla en la medida de sus posibilidades.

Por ello es corriente encontrar en los periódicos anarquistas o anarcosindicalistas anuncios de este cariz:
«En Aznalcóllar de la Sierra se ha organizado un grupo anarquista. Denominase “Solidaridad” y es su principal objetivo ayudar a la prensa libertaria… [96]»

Es difícil calibrar la efectividad de estos grupos, ya que prácticamente lo ignoramos todo de los mismos. Solo sabemos que se extendieron por toda la Península y que se formaron incluso en los rincones más apartados e insospechados.

La labor de los militantes en apoyo de la prensa libertaria fue decisiva para que ésta sobreviviera a las constantes vicisitudes por las que atravesaba. Uno de los más grandes periodistas y escritores anarquistas españoles, Felipe Alaiz, nos relata con su habitual maestría sus impresiones a propósito de la solidaridad que el periódico despertaba entre los trabajadores:

«Yo he podido presenciar como un entusiasta llegaba a Tierra y Libertad caminando nueve quilómetros para hacer entrega de una suma como donativo de varios camaradas, dándose el caso de que el compañero era anciano, carecía de la más insignificante moneda para locomoción y no quería gastar en tranvía de lo que iba a entregar ni invertir un solo céntimo en giros o comisiones. [97]»


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[94Díaz del Moral, op. cit., pág. 187

[95Solidaridad obrera (Gijón), n.17 (15 jun. 1923), 4

[96El Látigo (Baracaldo), n.18 (14 jun. 1913), 4

[97«Literatura y periodismo», La Revista Blanca (Barcelona), n.239 (1 mayo 1933), 712


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