Prensa anarquista y anarcosindicalista en España, 1869-1939

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Apéndices documentales

1. Documentos sobre la prensa anarquista

Documento 1

La Federación (Barcelona), n.67 (27 nov. 1870), 2 (declaración de principios de La Voz del Trabajador de Bilbao)

He aquí la exposición de principios y de tendencias que en su primer número ha publicado nuestro muy querido colega internacional de Bilbao, La Voz del Trabajador, y la cual dice:

A los trabajadores:

Vosotros los que desafiando los rigores del calor del verano, los fríos del invierno, las lluvias y las nieves, fecundáis la tierra con el poder de vuestros brazos, regándola con el sudor de vuestro rostro, los que en el estrecho recinto de los talleres, empleáis las fuerzas y la inteligencia perfeccionando el arte con ímprobo trabajo, hermosa obra que sale de vuestras robustas y cal losas manos, admirable y embellecida; los que sujetos a mil peligros y penalidades exponéis vuestra preciosa vida, ora suspendidos en el aire sobre un andamio, o apoyados débilmente sobre una tijera o sobre una sencilla viga; los que abandonando la patria y el hogar de la familia con sentimiento y dolor surcáis los mares, y que llenos de fe y de esperanza lucháis con el huracán desencadenado y las olas embravecidas, sobre insondable abismo, tumba ignorada que lleváis a vuestras plantas; los que por último, con nosotros formáis parte de la gran familia de los desheredados, que todos juntos contribuimos a enriquecer a unos pocos privilegiados; para vosotros escribimos, a vosotros dirigimos nuestra voz, voz doliente y desgarradora, esmaltada en el dolor y el sufrimiento, pero majestuosa y grande como el sentimiento de una madre que exhala el corazón oprimido por la amargura y que parte del fondo de nuestra conciencia, como una protesta digna y enérgica contra la explotación del hombre por el hombre.

Hijos del trabajo, que es la única y verdadera nobleza que existe y amantes de los fueros de la verdad y de la razón, no podíamos permanecer impasibles ni sordos a la desgracia que les rodea, y al triste clamor que levantan por doquier nuestros hermanos, víctimas como todos los trabajadores, de la insaciable ambición y codicia de una clase social, que avara y egoísta, solo ansía acumular riquezas protegida por la sombra del árbol frondoso del privilegio y de la injusticia, sacrificando impunemente los brazos productores que las crean, abandonándolos con el anatema de sus esperanzas e ilusiones, después de haberlos utilizado en su provecho, y que en su constante y tenaz empeño del acaparamiento y de la explotación desconoce el vínculo sagrado de la Igualdad y de la Justicia, verdad santa que nos legó Jesús calumniado y perseguido, lazo fraternal que debe unir a todos los hombres, haciendo desaparecer esa conspiración destructora y horrible del hombre contra el hombre, aspiración noble y justificada del proletariado, base fundamental y armónica de la sociedad humana.

Nosotros que injustamente parece que estemos condenados a sufrir eternamente en el océano de la vida, la marca del columpio social, movido por el huracán ensoberbecido de las pasiones humanas; nosotros, que desde que nacemos mece el dolor nuestra cuna, e inundada de lágrimas pasa nuestra infancia; marchita nuestra hermosa juventud, se nos presenta una ancianidad triste y desventurada, espantosa y horrible, consecuencia inmediata de la miseria y la ignorancia; nosotros, en fin, que parece llevamos impreso en nuestra noble frente el sello de la fatalidad y la servidumbre, marca aborrecida y maldita por los señores que se suponen de mejor condición y naturaleza que la nuestra, y, que, poseedora de la riqueza que producimos con fatigado e ímprobo trabajo, obtenemos por toda recompensa un exiguo y mezquino jornal, arrojado a nuestras plantas como un favor o como una limosna; ante tamaño insulto, a nosotros y solamente a nosotros toca velar por nuestros intereses, fruto del trabajo y de la honradez tan respetables y sagrados como los del rico privilegiado que avaro acumula, como los del capitalista que ansioso acapara, como los del fabricante que codicioso explota. He aquí, pues, nuestro programa. La Asociación Internacional de Trabajadores con sus desinteresados y salvadores principios tiende a este fin y realizará el bello ideal al que todos aspiramos, a nuestra pronta y completa emancipación, porque el reino del derecho, a todos alcanza, y la abundancia en vez de la miseria, el ingenio en vez de la ignorancia, será el resultado que obtendrán todos los asociados.

Miembros de esta grande Asociación, y órgano de la federación local constituida en esta villa:
La Voz del Trabajador será el apoyo decidido del que sufre, partidario declarado de la Moral, de la Verdad, y de la Justicia, consagrado a la defensa de los desheredados, enemigo mortal de todos tiranía y no omitirá medio alguno procurando nuestro común mejoramiento, impulsando el espíritu humano por la senda del deber, hermoso camino que conduce a la regeneración social y que contribuirá a quebrantar la ominosa cadena, que por tantos siglos trae amarrado y sujeto al hombre, sin ningún título a su propio semejante.


Documento 2

«Nuestro colega La Internacional»,La Federación (Barcelona), n.128 (28 ene. 1872), 2-3

Con sumo gusto insertamos el notable y valeroso programa que a nuestro querido colega, «La Internacional» de Cádiz le valió la prisión de su director.

Helo aquí:

Trabajadores, hermanos en el infortunio:

Nunca señaló la historia de la humanidad un período de mayor desorganización social que el presente.

Hemos llegado por fin a la completa división de las clases.

Por un lado la clase media dueña de todas las riquezas, de todos los poderes.

Por otro el cuarto estado, los pobres, los trabajadores, dueños tan solo del duro trabajo, dueños de todas las penalidades de una vida abyecta y desgraciada.

Por eso la lucha de los intereses sociales tiende hoy a reemplazar a la vil obediencia del pueblo, obediencia hija de la ignorancia y el engaño, que pesaron siempre sobre los pobres, y únicas causas que pudieron llevarnos a un presente tan absurdo y tiránico.

El mal de la humanidad, su cáncer, reside tan solo en las condiciones económicas de las sociedades y en las tiranías y falta de justicia de los poderes.

Todas las medidas y todos los remedios que se creyeron salvadores, que procurarían la emancipación del proletariado, vinieron a ser en la práctica, si no crueles engaños, ridículas muestras de impotencia, porque todas esas medidas y remedios dejaban en pie la desigualdad social y la tiranía e injusticia de las constituciones sociales.

Esos derechos políticos, farsas indignas, que levantaron al trabajador de esclavo a ciudadano, no pudieron procurarle una hora de descanso a sus fatigas, no supieron elevarlo de la ignorancia y la miseria a la ilustración y bienestar, y mientras la ignorancia, la desnudez, las penalidades, pesan sobre una parte de la humanidad para descanso satisfacción y orgullo de otra, nada se habrá conseguido en el camino de la verdadera revolución, en el camino del justo y humanitario progreso.

Vemos hoy, en tiempos de democracia, al capitalista despedir de sus talleres a miles de operarios, de padres de familias cuando así place a su soberana voluntad, y ninguna ley, ningún poder osa tocar un derecho que se concede a este señor de vidas y haciendas, y en cambio se le niega a miles de trabajadores, cuando cansados de trabajar tanto, quieren con una huelga obtener un aumento de salario o una hora menos de trabajo: ¡infelices! en las cárceles, en los presidios pagarán su atrevimiento, que siempre será abusivo su proceder y sobre ellos caerá todo el peso de la ley.

Los trabajadores no pueden asociarse para mejorar su condición, no pueden abandonar el taller que les roba su sudor, que los destruye; los trabajadores no pueden realizar un derecho que la clase media les niega: la clase media que exije ¡insensata! el sudor y la esclavitud del pobre para mantener su holganza y despilfarro: esa clase que además de tratar de quitarnos el derecho de asociación, discute los medios para destruirnos y que nunca discutió cómo libertarnos de la explotación, que nunca puso coto a la tiranía del capital, y nunca se atrevió ¡cobarde! más que a besar las manos del cacique que más nos tiraniza, obligándonos por el hambre a ser esclavos y auxiliares de los gobiernos nuestros mortales enemigos; esa clase media, que sólo aspira a sumir para siempre en la oscuridad y el olvido al mártir de la humanidad, al trabajador.

Cansados estamos ya de oír que siempre ha de haber pobres y ricos, que siempre han existido diferencias sociales ¡Que insensatez! Estos hombres que así hablan y que tienen en sus manos la administración, el gobierno, son unos ignorantes que no ven ni aún en la historia escrita por ellos mismos, esas épocas revolucionarias de todos los tiempos, esas guerras y luchas incesantes por el progreso, por las reformas, por la aspiración continua hacia el bienestar de la humanidad; y nos quieren controlar condenándonos a la esclavitud; ofreciéndonos caridad, amor al prójimo, resignación; y esto después de diez y nueve siglos, osan hablarnos de esas cataplasmas ridículas; sin pensar que esa caridad, que ese amor al prójimo, que esa resignación no son mas que consecuencias de una sociedad viciada; y que en vez de remedio son alimento del enfermo incurable que más lo hacen sufrir y atormentar: ¿qué necesidad hay de esa caridad hipócrita, que sirve solo para cubrir la perversidad humana? ¿qué de ese amor al prójimo, sarcasmo irritante? ¿qué de esa resignación, que solo revelan como ya reveló, la mayor degradación del hombre? en vez de caridad, justicia humana, no divina; en vez de amor al prójimo, vergüenza y deberes con nuestros semejantes; en vez de resignación, esfuerzo supremo, para acabar de una vez con esta vida social tan insoportable para el trabajador, como alhagüeña para el privilegiado.

Ha llegado el tiempo de la desorganización de un presente y un pasado tan bárbaros, tan inhumanitario; la clase trabajadora, fuerte con la justicia de su causa, alentada por la esperanza de mejores días, se levanta poderosa, irresistible, para conseguir lo que no consiguieron tanto sabio, tanto militar, tanto gobierno, de esa clase de los privilegios, de las religiones, del patriotismo, de la caridad, de la democracia, de la ciencia.

Asco, desprecio, no ira, nos produce ver a esos doctores de la clase media, discutiendo sobre nuestros deberes, sobre la protección que deben darnos, sobre nuestras aspiraciones. ¿Cuál es el derecho que tiene esa clase para hablar de deberes al trabajador? A esos ignorantes vanidosos, ¿qué los elevó a las alturas de la tiranía y de la injusticia?… La fuerza que le dio el pobre pueblo, engañado siempre; el trabajador, cegados por los consejos y la farsa de la sociedad. Los esclavos eligieron sus señores de entre los más vagos e hipócritas de la humanidad; el pueblo y solo él; pues todos los tiranos del orbe hubieran sido imposibles a conocer al pueblo, como hoy conoce, sus necesidades, su verdadero camino para llegar a la práctica de la justicia, a la realización de la fraternidad y libertad.

Los legisladores de la clase media, debían cambiar el frac, el abrigo, los guantes, por la blusa y la herramienta, y después de trabajar en el duro suelo en riguroso invierno, después de bajar desnudo a las profundidades de la tierra para arrancar de su seno los metales y desfallecer de cansancio y de miseria; después de tantas fatigas, debían ir al parlamento con la esperanza de volver al trabajo mañana, y verían entonces cuanta inspiración tendrían para reconocer en el trabajador todos los derechos, todas las atenciones que se merece, pero no; no cambiarán el frac y sus comodidades por la herramienta y el trabajo, no padecerán por el frío y la miseria, ni verán nunca los horrores y la abyección del trabajo; ¿que serían entonces de su honor y de su orgullo? Ellos sabrán al abrigo de toda penalidad, después de encenegarse en la orgía, escribir contra el pobre, preparar discursos para convencer a los necios como ellos de que es preciso perseguir al trabajador, que es preciso castigar al que pretenda ejercer el derecho a la asociación, cuando éste es un pobre: ellos sabrán convencerse unos a otros de que tienen razón y son justicieros esterminándonos: ¡qué insensatez! ¿y pensar que hay algunos trabajadores que todavía no ven la esclavitud y la desvergüenza que los oprime? si; hay de estos trabajadores; pero esos llegarán a trocar su miseria por la comodidad y la riqueza, se inficionarán con el mortal aliento de la vanidad y el apego a la dicha y olvidarán ingratos a sus hermanos: esos trabajadores ya no merecen este honrosísimo nombre, esos ya son burgueses y así se portan.

¿Pensar también que se llaman liberales los hombres que nos explotan y tiranizan? ¡¡Que vergüenza!! ¡¡Trabajadores!! desconfiemos de todo el que no sea trabajador, de todo el que no sea explotado y no viva en la desgracia; y no tememos al rechazar de entre nosotros a esos que se llaman ilustrados y amigos del pobre; la ilustración del presente la rechazamos; ella está en manos de pedantes y falsos maestros que no enseñan más que una ciencia superficial y engañosa, que ni aún así conocen. Ved si no, como la ciencia útil, la del trabajo, la de la industria, la de la agricultura, está en minoría y despreciada, no así el derecho, la teología y la faramalla.

Asco también debe causarnos esa prensa de la clase media, doctora de la vanidad y de la ignorancia, hablándonos todos los días de religión, de justicia, de orden, de libertad; todo mentira, todo un engaño manifiesto, todo hipocresía cuando no estupidez; pues solo un estúpido, una calabaza, puede hablar de libertad, de orden, de justicia, de religión, en los tiempos vergonzosos que corremos.

¡Religión! ¿Habrá farsa mayor? ¡Justicia! para proteger y libertar al rico. ¡Libertad! engaño, burla hecha al pueblo detrás de cien mil bayonetas! ¡Orden!… desorden infinito, degradación sin límites.

Esas guerra, esas grandes vergüenzas de la humanidad ¿quién las promovió? ¿quién llevó, quién condujo al campo de batalla a esas legiones de hombres para que se devorasen los unos a los otros, para que destruyeran ciudades, campos, riquezas? ¿quién osó tocar a la cabaña del pobre? ¿quién desbarató el surco del arado abierto con tanta fatiga por el trabajador? Esos hombres que se llaman gobierno, esos poderes de las clases ilustradas, de las clases religiosas y humanitarias. ¿Quién llevó la desolación al campo de la abundancia? El orgullo, la vanidad, la petulancia de los emperadores, que supieron preparar la opción para escudarse tras ella a fin de cubrir sus criminales intenciones; que excitaron las iras de unos pueblos contra otros, que cantaron en todos los tonos el patrio amor y el valor de sus razas; patriotismo y valor, patentes pruebas de la bestialidad del hombre.

Esta última guerra, esa hecatombe, ¿para qué fue precisa? ¿qué ganó en ello la humanidad? ¿cuál fue el pueblo que vino animado de la destrucción, cuál nueva invasión de bárbaros y hubo necesidad de contrarrestar y hacer frente? ¿no vivían dos naciones pacíficas con esa paz, que aunque aparente, no le acompañan los horrores de la destrucción humana? Esa guerra la quisieron la voluntad de dos tiranos, de dos vagos y alhajados señores, que luego que comenzaron sus hazañas de salvajes, fueron elogiados por las clases ilustradas y cantados y beneficiados.

Vergüenza para esas clases que tienen monopolizado el gobierno, la administración, que no han sabido más que llevar a la humanidad de revolución en revolución, de guerra en guerra, de error en error, de caos en caos, hasta el extremo en que la vemos hoy amenazada de todas partes por un cataclismo, por una guerra fratricida de clase, de los horrores más espantosos que registraron los siglos.

Es preciso, trabajadores, que cesen estas iniquidades, es preciso que la humanidad se redima, que desaparezca del mundo la barbarie.

Por fortuna llegamos a la desorganización, a la putrefacción de ese cadáver, sociedad presente; ya están bien separados los campos para la lucha; y si la clase media no muere pronto por sí misma dilapidando la riqueza, avergonzándose y huyendo de la vida pública; el pueblo, el proletariado, se encargará de hacer la revolución social tan necesaria ya.

Preparémonos para esta revolución, no olvidemos que siempre tras de una revolución vino la reacción, porque retoñó lo malo, lo antiguo; cortemos la cizaña de la humanidad, sembrando en cambio el trigo; no destruyamos sin reemplazar al mismo tiempo, una vida por otra; cuando desparezcan todas las instituciones del pasado que aparezca viviendo y organizada ya, la institución del porvenir, esto es, la libre asociación de libres asociaciones de trabajadores, en orden, en vez de político esencialmente económico; una igualdad social garantida en el porvenir.

Tengamos confianza, seguridad absoluta en la bondad de nuestras aspiraciones, y trabajemos sin descanso hasta nuestro triunfo.

Por fortuna hoy vemos cercano el día de la justicia; hoy existe la grande, la salvadora Asociación Internacional de los Trabajadores, asociación que vive poderosa, invencible; esta Asociación es la nuestra; de ella formamos parte con millones de hermanos que trabajan como nosotros para conseguir el remedio a todos los males de la humanidad, esta sociedad vive en las repúblicas y en los imperios de los déspotas, vive en América, en Suiza, en Rusia, en todas partes; y allí donde más se la oprime adquiere mayor fuerza, más valentía, para conseguir su fin; es una sociedad que discute en público, que no teme la luz del día donde puede mostrarse levantando su bandera.

Con toda nuestra vida, con todo nuestro esfuerzo defenderemos esta asociación, esperanza de los trabajadores y fantasma espiratorio de nuestros enemigos. De hoy en adelante sirviéndonos de nuestro periódico, expondremos, queridos hermanos, trabajadores todos, cómo esta grande asociación es la amiga del pueblo; cómo quiere redimir al proletariado y borrar de la humanidad todos los horrores y miserias que la combaten.

Con grande fe y constancia haremos estos trabajos, seguros de que así coadyuvamos a la redención del hombre.

Reciban todos los periódicos socialistas y todos los centros obreros nuestro fraternal saludo y la seguridad absoluta de que nos anima un grande entusiasmo, un grande amor por la causa que defiende la grande Asociación Internacional de los Trabajadores.

La redacción


Documento 3

«Nuestra consecuencia», La Revolución Social (S.L.), n.5 (abr. 1885),1

Somos los internacionalistas, que, obligados por una ley a vivir en la oscuridad, no permitiremos que gobierno alguno (llámese socialista o republicano), se vanaglorie de que vivimos de su misericordia, pero como entre los revolucionarios no hay nada estable, sino que progresivamente marchan al compás de los adelantos más radicales; llevaremos a la conciencia de todos tanto en la teoría, como en la práctica, los acuerdos de nuestros últimos congresos. La Asociación Internacional de los Trabajadores de la Región Española, la compondrán todos los revolucionarios que estén conformes con no pertenecer a ningún partido político ni a ninguna secta religiosa, teniendo por patria, el mundo, y por familia, los revolucionarios.

Examinando los números anteriores, quedará demostrado que, nuestro periódico ha cumplido la alta y revolucionaria misión que determina su programa.

Pero como la malevolencia de ciertos seres raquíticos, llega hasta el extremo de considerarnos perturbadores, vamos una vez más a despejar la incógnita, demostrando a los hombres de recta conciencia, si cumplimos con un deber sagrado, dando la voz de alerta primero, y separándonos después, de una organización llevada como por encanto del terreno revolucionario al legalismo, y por lo tanto, al reaccionario; por unos cuantos hombres de mala fe, que, llevados del estúpido egoísmo de explotar a sus compañeros, se convirtieron en dictadores de la clase obrera, invocando en todas sus autoritarias y despóticas disposiciones: La Anarquía. Para demostrar cuanto dejamos dicho, copiamos a continuación algunos párrafos del último congreso universal, celebrado en Londres en 1881; los que demostrarán de una manera clara y terminante el golpe de estado llevado a efecto por la Comisión Federal Española; no dando cuenta a la organización de los acuerdos aprobados en dicho Congreso, y si en su lugar trabajando de Zapa, para entrar en el terreno de la legalidad. Dice así:
«Considerando que la Asociación Internacional de Trabajadores, ha reconocido la necesidad de añadir a su propaganda oral y escrita, la propaganda por el hecho;
«Considerando, por otra parte, que la época de una revolución general no es quizás lejana, y que los elementos revolucionarios están llamados a demostrar la medida de su afecto a la causa del proletariado y de sus fuerzas de acción;
«El Congreso acuerda que las organizaciones adheridas a la Asociación Internacional de Trabajadores tengan en consideración las proposiciones siguientes:
«Es de absoluta necesidad, por todos los medios posibles, propagar por actos la idea revolucionaria y el espíritu de la misma en las masas populares que no toman todavía una parte activa en el movimiento, y se hacen ilusiones sobre la moralidad y la eficacia de los medios Legales.
«Saliendo del terreno Legal, sobre el cual hemos estado generalmente colocados para llevar nuestra acción al terreno de la ilegalidad, único camino para llegar a la revolución, siendo necesario servirse de todos los medios adecuados al caso.
«Las persecuciones de que es víctima la prensa revolucionaria en todas las Regiones, nos demuestra la necesidad de la organización de una prensa clandestina.
«Quedando fuera del movimiento socialista revolucionario la gran masa de los trabajadores del campo, es de toda necesidad dirigir todos nuestros esfuerzos hacia este lado, recordando que un simple hecho práctico contra la actual organización habla más al corazón de las masas rurales que millares de impresos y palabras, y que la propaganda por el hecho tiene todavía más importancia que en las ciudades.

Terminando el congreso con la siguiente declaración:
«El Congreso Internacional reunido en Londres, no reconociendo otro derecho que el de indicar las ideas generales de lo que parece ser mejor organización socialista revolucionaria, confía en la iniciativa de los grupos y federaciones para el estudio de la misma y otras que les parecieren útiles para el triunfo de la Revolución Social.»

Por lo expuesto, comprobado con documentos oficiales, está demostrado:
1º Que la Asociación Internacional de los Trabajadores, titulada Los Desheredados, se ha amoldado estrictamente al espíritu revolucionario de losacuerdos del Congreso de Londres; cuyos acuerdos fueron propuestos por el delegado directo de la Región Española.
2º Que al separarnos de lo que se llamaba Federación de Trabajadores de la Región Española, no lo hacíamos de la Internacional, la que continúa organizada para llenar los fines altamente revolucionarios;
y 3º Que al ver la autoritaria conducta de la Comisión Federal, negando en el Congreso de Sevilla la existencia de la Asociación Internacional de los Trabajadores (a pesar de haber remitido desde el Congreso de 1881 a 1882, cinco circulares secretas de dicha asociación); implantando por la fuerza, (aunque cubriéndolo con la Legalidad); una organización de guerra, con jefes y generales y al estilo del autocrático imperio Ruso; no pudimos ver impasibles tanta injusticia, y enarbolamos la bandera de la revolución.

Desde aquella fecha, es decir, al partir de la terminación del Congreso de Sevilla, nos separamos de la Federación como anteriormente decimos; y para que se nos diferenciara de cualquier otra organización, nos dimos el nombre de Los Desheredados, en un Congreso celebrado en Sevilla en enero de 1884 (sic).

Como consecuencia del recto espíritu de aquel Congreso, la organización se desarrollaba de una manera extraordinaria, a pesar de los malos medios puestos por la Comisión Federal nombrada en el Congreso público de Sevilla; la que al representarse la comedia de La Mano Negra en Andalucía, escogió en ella un papel esencialmente característico: el de Calumniador.

Encontró la ocasión, (en unión de la burguesía), de confundir a sabiendas a los trabajadores que no estaban conformes con sus procedimientos, con determinados hechos individuales, ocurridos entre trabajadores organizados y pertenecientes a la Federación Regional Española; a los que después de haberlos halagado repetidas veces en sus actos de ignorancia, y de comerse los céntimos que esos desgraciados les enviaban, no tuvieron inconveniente alguno en calumniarlos y delatarlos a la Burguesía, en los terribles días de la venganza.

Dando lugar con la célebre circular núm. 22, a que se llenaran las cárceles de Andalucía de infelices trabajadores, que eran atormentados para que declararan lo que no podían saber; porque todo era una pura farsa, inventada por la burguesía, y secundado por los esbirros de aquella Comisión Federal.

Los que tan villanamente obraban dando lugar con sus delaciones a la pérdida de centenares de familias, continuaban tranquilos en Barcelona disfrutando cómodamente del fruto de sus rapiñas.

Estos seres envilecidos que durante un periodo de años han aconsejado al pueblo (para halagarlo) hechos como los que se les aconsejaban en aquellas célebres publicaciones intituladas, Represalias, y que empujando a la ignorancia han sabido precipitarla al abismo para mejor explotarla; único y exclusivo fin que siguen, se encuentran hoy encastillados en su última trinchera, en un papelucho que se redacta en Madrid y se publica en Sans titulado La Revista Social; creada con los fondos estafados a los trabajadores.

La historia de la humanidad tiene lecciones harto elocuentes para olvidada; y sin remontarnos a periodos remotos, encontramos que, en el reinado del reaccionario Fernando VII todos los liberales llevados a inmolar al patíbulo, lo fueron por los traidores que en el seno del partido se cobijaban; en tiempo de la República, periodo harto conocido por todos nosotros, la mayoría de los deportados lo fueron también por los falsos republicanos que con el nombre de correligionarios se introdujeron en las masas populares para calumniarlas y delatarlas.

Nuestra gran asociación Internacional de los Trabajadores tenía que pasar imprescindiblemente por este funesto trance, del que ha podido evadirse (con extrañeza de sus enemigos) durante quince años.

En todo este tiempo que, para pertenecer a nuestra organización clandestina, se examinaba la procedencia de los seres, los malvados que introducidos entre nosotros estaban asolapados, no se atrevieron a hacer de las suyas; hasta que arrastrándose como las serpientes consiguieron escalar las posiciones más ventajosas para sus planes.

Hoy, que sorprendidos infraganti han sido arrojados de entre los proletarios a puntapiés, se revuelven entre el lodo de sus infamias en convulsa desesperación, ora calumniando y delatando, ora suplicando y halagando, con el sólo objeto de encontrar incautos que los sigan, para ver si consiguen el apoderarse de la organización para comer; que no es otro el aliciente que les ha guiado; comer y siempre comer de la explotación de los trabajadores.

En la Asociación Internacional de los Trabajadores está predestinada a no tener un minuto de sosiego mientras existan esos traidores, pues conociendo los secretos de nuestra organización, nos delatarán y calumniarán cuando se vean imposibilitados de coger otra vez la Comisión Federal.

La crítica situación porque atraviesa la clase obrera de España, no hay colectividad (ya sean de las mas pacíficas o exaltadas) libre de caer en la lucha que todas sostienen por la existencia en algunos de los hechos penados por las Leyes burguesas; pues ese día, pedirán los hombres de la Revista Social al gobierno constituído (sea cual fuere) el apoyo para descubrir a los delincuentes; y en unión de la benemérita los veremos como nos arrebatan, o nos fusilan en el seno de nuestra familia.

La Asociación Internacional de los Trabajadores titulada Los Desheredados seguirá luchando en el terreno de los principios contra todo ser depravado que empleare tales procedimientos, recomendando al pueblo, único juez que reconocemos, el castigo de todos y cada uno de los miserables esbirros.

Hoy, que desenvueltos algunos de los puntos que, por no haberse aclarado antes, nos ponían en contradicción con algunos buenos compañeros, repetimos lo que hemos dicho tantas veces. Para triunfar en la terrible lucha a que por una ley fatal estamos condenados; es necesaria la unión de todos los que sufrimos; es imprescindible la reconstrucción de todas las fuerzas revolucionarias en una sola organización fuerte y potente, donde respetándose todas las formas de lucha contra la burguesía, quepan y se desarrollen todas las actitudes.

La Redacción


Documento 4

«Situación de “Tierra y Libertad”», por el grupo 4 de Mayo, A. Saavedra, Tierra y Libertad (Madrid), 45 (23 nov. 1905), 2

Mejor dicho: la situación de la prensa anarquista en España es insostenible.

Nuestros periódicos dignos de mejor suerte, agonizan, económicamente hablando.

Germinal de La Coruña, ha dejado de publiarse por consunción pecuniaria. Tierra no ha podido salir la semana pasada por carencia absoluta de vil metal.

Los recursos que nos enviaron del extranjero fueron agotados prematuramente a consecuencia de los gastos exorbitantes que nos ocasionan las numerosas denuncias acumuladas sobre nosotros y suspendidas sobre nuestras cabezas, como la espada de Damocles, por el señor fiscal.

Parte de nuestros corresponsales y esa pléyade de obreros inconscientes que nos leen y no pagan, parece así como que se han puesto de acuerdo con el Sr. Mena para que sucumba por anemia metálica Tierra y Libertad.

¡Queremos vivir! ¡queremos luchar! queremos maldecir desde nuestras columnas la barbarie gubernamental, el salvajismo jurídico, la antropofagia burguesa que como restos de antiguas y bárbaras civilizaciones nos siguen sumiendo en obscura esclavitud como presos aferrados por el régimen inquisitorial del denigrante clericalismo.

Queremos propagar las sublimes bellezas del ideal anárquico y que circulen de uno a otro confín, saturando los ámbitos del mundo; queremos hacer luz en las inteligencias de los trabajadores, sometidos al yugo cruel de la miseria y estulta explotación, bajo la absurda fe del despótico y sombrío obscurantismo, valiéndonos para ello de las alburas luminosas del progreso, que nos trasmitieron en sus escritos los heroicos propagandistas que ofrecieron con antelación digna de ejemplo, su libertad, su hogar y su vida a la predicación, a la lucha, a la extensión de la anarquía.

Queremos seguir la senda trazada a los verdaderos hijos del pueblo, por los que con la pluma y con el hecho, perecieron entre las garras de nuestros infames y traidores enemigos.

Por eso velamos por la vida de Tierra, porque para ello necesitamos sus columnas, por eso deseamos la prosecución de Germinal, porque resuene su voz potente en las concavidades abruptas de la fértil y cruelmente explotada cordillera galaica; por eso anhelamos la vida robusta y viril de toda la prensa anarquista, porque es la única que sin temor a procesos ni a asechanzas curialescas se convierte en eco acusador incontrastable de las crueldades y crímenes con que se enriquecen, a costa del obrero, las clase dictatoriales.

Y por eso los obreros españoles, los trabajadores de allende los mares, los proletarios del mundo entero, deben ayudarnos en nuestro postrer esfuerzo y sacudir la cerviz como el toro a quien pretenden arrancar las astas, como el león a quien intentan privar de las potentes garras, para lanzar con rugido feroz la postrer zarpada con el último enfoque que desconcierte y destruya a nuestros crueles enemigos.

Tierra, Germinal, la prensa anarquista toda, son nuestras armas de defensa para la preparación de la batalla definitiva; su extinción sería nuestra debacle antes de empezar la decisiva lucha, y el triunfo prematuro de sayones y gorilas, pretores y farsantes, fariseos, centuriones y escribas de todas clases y categorías.

Nosotros, los que constituimos el grupo editor de Tierra, vamos a realizar el último esfuerzo; para ello queremos levantar un crédito de algunos centenares de pesetas que respondan de la vida del periódico, y si pudiéramos conseguirlo, seremos responsables al débito con el importe de nuestros jornales, y si después de esto no envían los corresponsales el importe de los paquetes, si nuestros lectores no pagan los números y los donantes no nos ayudan, no solo perecerá el semanario por nuestra incuria e indiferencia, sino que los anarquistas que componen el grupo «4 de Mayo», tendrán que rescatar el crédito con sus jornales y someter a las torturas del hambre y del frío a sus inocentes criaturas.

Los pedidos aumentan, hemos tenido que aumentar nuestra tirada, Tierra gusta, pero los ingresos decrecen y nos obligan a hacer públicas nuestras penalidades a trueque del regocijo y vanagloria de nuestros enemigos.

Conocemos las calamidades porque atraviesa el proletariado, la escasez monetaria que origina la carencia de trabajo, pero amparándose en esto, vemos a muchos que nos niegan el importe de los paquetes y se lo gastan alegremente en el prostíbulo y la taberna.

¿Que los que tal hacen no son anarquistas?… de sobra lo sabemos, pero como la circulación de Tierra no se limita a nuestros compañeros, justo es dar la voz, el grito de alarma para que se restrinjan los inconscientes y no tomen nuestro fraude como un medio de satisfacer sus vicios y su avaricia.

Con amor a la idea y un tanto de retracción a favor de nuestros propios sentimientos o contra la expansión de placeres inútiles y denigrantes vicios, los anarquistas en el primer caso y el resto de los trabajadores en el segundo, lograríamos sostener estos baluartes donde nos parapetamos contra las injusticias sociales, esperando el día no lejano en que podamos lanzarnos con todo el ímpetu de nuestras fuerzas para defender como hombres y como anarquistas nuestros derechos naturales, el pan de nuestros hijos y la completa libertad.

Esta es nuestra labor, hasta hoy no han sido ingratos sus frutos: el plazo se acerca, nuestra energía no se consume inútilmente:

¡PROLETARIOS!…¡Hagamos un pequeño esfuerzo y salvemos nuestra prensa!

¡QUE VIVA GERMINAL EN LA CORUÑA Y EN MADRID: ¡QUE VIVA TIERRA Y LIBERTAD!

Por el grupo 4 de Mayo A. Saavedra


Documento 5

«“Acción Libertaria”. A los grupos, corresponsales y suscriptores del periódico», Escuela Libre (Valladolid), n.2 (1 mar. 1911), 3

Queridos compañeros: Gran sorpresa os habrá producido a todos no recibir las ediciones de este semanario correspondientes a las semanas anteriores, puesto que seguramente ignorareis los motivos que nos ha impedido sus publicaciones; y como quiera que tampoco hemos podido editar el periódico que debiera aparecer hoy, no queremos dejar de explicaros lo que nos sucede, que es lo siguiente:

Estando confeccionando el número 12, fue encarcelado, como ya se dio cuenta en el mismo número, nuestro administrador Pedro Sierra Álvarez, sin que los jueces tuviesen el menor motivo para prenderle. Sometido este compañero durante varios días a un régimen de rigurosa y arbitraria incomunicación, nosotros, firmes en el propósito de que el periódico no sufriese ninguna interrupción, decidimos seguir publicándole, no obstante la mala situación que nos creaba la prisión e incomunicación de nuestro amigo. Sin embargo nuestros deseos salieron fracasados, porque por sorpresa al disponernos a comenzar la tarea, es también detenido y encarcelado nuestro director José Machargo, por orden de la autoridad militar, debido a que han merecido el honor de ser denunciados por la ley de jurisdicciones el artículo «¿Reflexiones? Quizá, ¿Observaciones? No» escrito por el compañero J.S. Duque, de París, y aparecido en el número 9 y una noticia alusiva al ejército portugués que fue insertada en la sección Miscelánea del número 10. Además, en prisión ya el camarada Machargo, se le notifica que tiene otro proceso por los ataques dirigidos a los jueces en el artículo «¿Justicia o locura?» publicado al final de nuestro número 12.

En estas circunstancias, hubo de suspenderse la salida del periódico aquellas semanas, ya que el pequeño número de los que componemos el grupo editor de Acción Libertaria queda casi en cuadro; y como ninguno de los encarcelados fue puesto en libertad provisional, según creímos, nos vimos obligados también, aparte de otras razones, a no poder editar el correspondiente a esta fecha, no sin gran disgusto nuestro.

Mas esta situación enojosa ha finalizado; y a pesar de la prisión de nuestros camaradas Acción Libertaria continuará publicándose desde la semana próxima, y las persecuciones de la justicia serán en lo sucesivo inútiles para detener nuestra marcha, si los compañeros todos siguen apoyando a nuestro querido semanario.

Esperamos, pues, que para el buen éxito de nuestra empresa, cumpla cada cual con sus deberes en estas condiciones críticas, donde es necesario demostrar que nada puede impedir el avance de las ideas anarquistas. Nosotros cumpliremos nuestras obligaciones igualmente hasta aquí.

Mientras dure la prisión de Pedro Sierra Álvarez, conviene advertir que nadie mande correspondencia ni cantidades a su nombre, pues es detenido todo lo que se envíe para él por orden judicial. La sola dirección de Acción Libertaria es lo suficiente.

Sin otro particular os deseamos a todos salud y emancipación, y a perseverar en la propaganda del ideal grande.

El grupo editor de Acción Libertaria
Gijón 23 de febrero 1911


Documento 6

«Circular de “El Libertario”» (Gijón), El Porvenir del Obrero (Mahón), n.353 (1 mayo 1913), 3

Gijón, 19 de abril de 1913

A nuestros suscriptores, corresponsales y lectores: Estimados compañeros: sirve esta circular para comunicaros lo que ahora nos ocurre.

El viernes de la semana pasada, cuando nos empeñábamos en hacer el cierre del periódico, el juzgado de esta villa, acompañado de fuerzas de la policía, nos secuestró la edición correspondiente al sábado 12 y hasta se incautó de más de una plana de material de imprenta. Todo ello sin que nosotros hubiéramos presentado a la censura los ejemplares necesarios.

Tamaña arbitrariedad quiere justificarse alegando que en el juzgado se había recibido un anónimo donde se denunciaba que El Libertario iba a publicar un artículo violentísimo contra altos funcionarios de la administración de justicia; pero esto no es más que una patraña. Pruébalo así el hecho de que a estas fechas ni siquiera se dictó procesamiento contra ninguno de los que componemos el grupo editor del periódico.

En realidad, lo que se pretende aquí es que El Libertario no siga publicándose. Molesta a las autoridades nuestro semanario, principalmente la campaña de cárceles que el compañero Suárez realiza, y es preciso a todo evento que El Libertario muera.

A tal fin, como no bastaban las veinte denuncias que desde que nuestra publicación comenzó hemos tenido, se ha apelado al secuestro y a la incautación del material de imprenta. Como además se rumorea que ha de continuarse y hasta extremar estos procedimientos, el dueño del establecimiento tipográfico que hasta ahora nos servía no quiere continuar haciéndolo en lo sucesivo, temeroso de nuevos y acaso más grandes perjuicios. Y bajo este mismo temor, los demás propietarios de imprentas de la localidad también se niegan a editarnos El Libertario.

Ya veis, pues, como estamos, se repite otra vez el caso que nos sucedió con Acción Libertaria. Sin embargo como entonces, no nos desalentamos tampoco ahora. Si no puede publicarse El Libertario en Gijón, se publicará, cueste lo que cueste, en un punto cualquiera de la provincia. Hasta, si es necesario, en otra localidad de importancia de España.

Todas estas gestiones, naturalmente llevan un tiempo. Por eso os mandamos esta circular como aviso, para tranquilidad vuestra. No lo hicimos primero contando publicar número esta misma semana.

Entretanto que El Libertario reanuda su labor, nosotros esperamos que cuantos nos deben cantidades se apresuren a liquidarnos. Hemos tenido una regular pérdida en nuestra caja con el secuestro ya anunciado, y deber de buenos compañeros es, por lo menos, ponerse al corriente de sus pagos. Bien poco les pedimos.

Seguros de que no ha de romperse nuestro lazo de unión, quedamos vuestros y de la gran causa anarquista.

Por el grupo editor de El Libertario .- E. Quintanilla. M. Suárez. P. Sierra.

Nota: Toda la correspondencia y cantidades dirijanse en la misma forma de siempre. Oportunamente diremos si hay que modificar la dirección.


Documento 7

«“Cultura Libertaria” (El Ferrol). A los paqueteros y corresponsales», El Porvenir del
Obrero
(Mahón), n.353 (1 mayo 1913), 4

salud:

El grupo «13 de octubre», editor del periódico Cultura Libertaria , después de cumplir su misión hasta el último momento, os comunica que nuestro valiente quincenario deja de aparecer por falta de apoyo pecuniario de muchísimos paqueteros y suscriptores.

Cultura Libertaria en estos momentos estaba en su más grande apogeo, en el sentido de aceptación, pero el vil metal escaseaba y en la actual sociedad sin este aliciente es imposible la vida de un periódico; empezamos a tirar 2 000 ejemplares y sobraba papel, hoy necesitábamos 2 500 sin contar que continuamente nos hacen pedidos; por lo demás nosotros nos vemos imposibilitados para salvar el déficit que número a número iba subiendo, y esto dio margen a retirarnos con el propósito de pagar lo que adeudamos, aunque para ello tengamos que hacer algún sacrificio.

Nuestra retirada no es de muerte, pues dispuestos siempre estamos a laborar de una forma u otra por nuestro sublime ideal, no siendo tampoco óbice para que nuestro paladín vuelva a salir, si responden los paqueteros.

Creemos haber cumplido como anarquistas y como anarquistas aquí estamos de pie y en la brecha.

El grupo «13 de octubre» Ferrol


Documento 8

«“El Látigo” a los compañeros», por La Redacción, El Látigo (Baracaldo), II, 25 (16 ene. 1914), 1-2

Con el presente número, nuestro quincenario, el quincenario de todos, da por terminado el primer año de su publicación. Circunstancias de todos conocidas, aunque no manifestadas, le impidieron salir a la luz con la normalidad debida, tres quincenas de las 24 que componen el año, el mitin pro-amnistía de los presos por cuestiones sociales, la excursión de propaganda verificada por la región vascongada y la Rioja, la escasez de medios para seguir viviendo relativamente bien, (como sucede a todo trabajdor víctima de la explotación) debida a los corresponsales que le pidieron paquetes y no correspondieron con él a pesar de su desinterés de no haberlos dejado de enviar un sólo número, y, últimamente, la determinación de publicar el primer número de su segundo año en la primera quincena del primer mes del año 1914.

A 237 pesetas y 25 céntimos ascienden las fuerzas que El Látigo ha gastado en esos corresponsales, que se las pidieron, sin que de ellos haya recibido nada para reponerlas, a 1440 el importe de la impresión de sus 24 números y a 154,25 lo que ha tenido que pagar por franqueo y gastos menudos, como viajes a Bilbao, goma, papel, etc., cantidad, la última, que ha tenido que ir adicionando al coste de su tirada, pues, aunque El Látigo hubiera cobrado sus dos mil ejemplares sin perder uno, a tres céntimos, nunca ascendería lo recaudado más allá de las 60 pesetas que cuesta su impresión, resultando así que, aunque cobrase todos sus números, siempre queda empeñado cuando menos en 6,25 pesetas. Esta cantidad, unida a la de los corresponsales que no le pagaron, es el origen de los déficits consignados en el balance que va en el presente número, en el cual no van incluidas las 64 pesetas que desde ahora cuesta su impresión, ni los gastos de franqueo y correspondencia, por corresponder como cuenta corriente, al número 26.

Es también el mentís más grande que puede darse a los pobres de espíritu, a los abdicados y a los cobardes de conciencia averiada que, faltos de valor moral y de fuerza material para defender sus raquíticas ideas con nobleza, pretenden robustecerlas a costa del descrédito de las ideas anarquistas que El Látigo defiende, declarándole guerra a muerte, ocultándose para ello en la sombra de la mentira y la difamación, para propagar entre los trabajadores la vileza de que El Látigo está subvencionado por la «Sociedad Altos Hornos» y por el capellán de la misma. ¡Miserables! ¡Miserables!.

Es un latigazo al rostro de los pusilánimes, de los carentes de ideas propias, de los anfibios del ideal que, en el terreno de la propaganda activa, hacen el papel de dueñas quintamoñas, fiscalizando todo, interviniendo en todo, criticando por todo, envidiando de todo y cultivando sobre todo la desconfianza y la duda en el hogar anarquista, en el campo de la simpatía porque en su kaleidoscópica impotencia no ven el sacrificio, la voluntad, el desinterés ni la abnegación de que son capaces los hombres que ponen su bienestar, su libertad y su vida al servicio de un ideal de redención.

Pero si lo que hoy exponemos constituye un soberbio mentís y un latigazo para los que descaradamente trabajan en la sombra por la muerte de El Látigo y para los que de soslayo nada les benefician y ponen valladares a la marcha de la propaganda anarquista, también constituye una satisfacción inmensa para los compañeros que, según sus fuerzas, contribuyeron al sostenimiento de la vida de El Látigo y se sacrificaron para cubrir sus déficits, logrando así verle publicar el primer número de su segundo año, por lo cual les envía el testimonio de su agradecimiento, el grato recuerdo de su amistad y compañerismo y les recuerda el deber que tienen de seguir luchando como hasta aquí en defensa del ideal anarquista y en beneficio de El Látigo si comprenden que éste ha cumplido como bueno en el primer año de su publicación; de lo contrario, les recuerda el deber que tienen de rectificar sus errores para que restalle mejor en su segundo año, ó de retirarle su apoyo para que no fustigue. En el primer caso, El Látigo continuará batallando por el ideal que defiende, haciéndose solidario de todas las causas justas; en el segundo, los que después de las rudas faenas del trabajo lo escribimos, no podemos hacer más que ofrecernos incondicionalmente con nuestro concurso y nuestro insignificante apoyo a todos los que sufren persecución por la justicia histórica y por la explotación del hombre por el hombre.

Y no terminaremos sin renovar el fraternal saludo y ratificar el cambio a toda la prensa anarquista y sindicalista que actualmente visita su Redacción y que como él lucha, no solamente por su emancipación de la clase obrera sino de toda la humanidad, entre cuya prensa se encuentran los queridos colegas Tierra y Libertad, de Barcelona; Acción Libertaria de Madrid; El Porvenir Obrero, de Mahón; Luz de Azuaga; ¡Tierra!, de La Habana; El Audaz, de ídem; El Dependiente, de ídem; L’Anarchie, de París; El Anarquista, de Montevideo; Anarkos, de ídem; Aurora, de ídem; Fiat Lux, de idem; Rebelión, de Rosario; El Obrero Industrial, de Tampa; Freedom, de Londres; Cultura Obrera, de New York; Fuerza Consciente, de ídem; Pluma Roja, de Méjico, todos ellos defensores del ideal anarquista.

La Voz del Obrero, de Coruña; La Voz del Pueblo, de Tarrasa; Solidaridad Obrera, de Barcelona; Unión Ferroviaria (Sección Barcelona Norte), de ídem; Unión Ferroviaria (Sección Catalana), de ídem; La Minerva de Gijón; El Trabajo, de Sabadell; El Sindicalista, de Villanueva y Geltrú; La Cuña, de Zaragoza; El Martillo, de Jérez de la Frontera; La Batalla Sindicalista, de Ferrol; El Obrero, de Calañas; La Sindicalista, de Valladolid; El Despertar del Obrero, de Cartagena; El Grifón, de Barcelona; El Rayo, de Palma de Mallorca; Cultura y Acción, de Zaragoza y La Voz del Campesino, de Barcelona (Sans), todos ellos defensores del sindicalismo revolucionario. El Radical, de Valdepeñas y El Consecuente, de Reus, defensores de la política radical. Para todos un fraternal saludo y nuestro modesto pero sincero concurso para alentarles a seguir luchando cada cual en su esfera y en su acción contra este régimen social de irritantes desigualdades, conservador de la ignorancia, el estancamiento y la obturación que detiene la marcha del vehículo del progreso que conduce a la doliente humanidad hacia un régimen social en donde luchará con una sola arma: la Ilustración, y vivirá bajo un sólo amor la Libertad.

Y ahora a trabajar de nuevo, sin dar paz al cerebro, sin dar paz a la mano, a trabajar de firme, si es preciso hasta agotar nuestras fuerzas por la consecución de nuestro bello ideal, porque es un hecho tangible que, después del cansancio, originado por el trabajo se adquiere una cosa: el sueño, el ideal por nosotros soñado. Los que quieran que nos sigan, los que no tengan fuerza para seguirnos que se queden atrás, pues no serán más que un estorbo para la marcha de la columna de la propaganda; el ideal anarquista no busca creyentes, quiere convencidos, no busca la cantidad, quiere la calidad, aunque ésta quede reducida a la unidad, a un hombre solo, porque como dijo Ibsen, en esta sociedad donde tanto abundan los falsos aliados, «el hombre consciente que se encuentra más solo es el más poderoso del mundo"»

La Redacción


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