Prensa anarquista y anarcosindicalista en España, 1869-1939

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Capítulo 3º

Lucha de tendencias, 1881-1890: La crisis del anarcocolectivismo y las influencias del anarco-comunismo. La prensa se hace comunista

Los veinte últimos años del siglo XIX son los peor conocidos del movimiento anarquista y, sin embargo, revisten - a nuestro parecer - una considerable importancia, por cuanto durante este tiempo se plantearon los problemas cruciales del ideario de este movimiento - y como consecuencia, de una parte destacada del movimiento obrero en nuestro país - que le permitieron su desarrollo teórico y práctico posterior.

Simultáneamente se vio enfrentado, por primera vez, a una de las cuestiones de mayor trascendencia que, adoptando en cada caso formas congruentes con la coyuntura, resurgirá periódicamente: el problema de la organización.

Su resolución en todo momento significará volver de nuevo a la discusión primitiva. Conciliar el desarrollo legal de una organización poderosa en el seno de una sociedad determinada, con los objetivos revolucionarios, se convirtió en la piedra de toque de la evolución del movimiento anarquista a lo largo de toda su existencia.

En el período concreto que ahora analizamos, la contradicción se resolvió con el desmembramiento de la poderosa FTRE, a lo cual no fue ajena la represión a que se vio sometida por parte del gobierno, bajo el pretexto de desarticular la sociedad secreta llamada o conocida con el nombre de «La Mano Negra».

Para el período de existencia de la FTRE - 1881 a 1888 - contamos con la inapreciable obra de Max Nettlau, La Première Internationale en Espagne (1868-1888) [397], verdadero arsenal de información, un tanto deslavazada, pero de una riqueza extraordinaria.

Pero antes de pasar a ocuparnos de la redacción de este capítulo, creemos necesario plantear una serie de hipótesis que nos hagan más comprensible el desarrollo del período. Estas nos han sido sugeridas a través del estudio de la prensa anarquista publicada en estos años.

Hasta ahora, la práctica totalidad de los historiadores han venido repitiendo, con mas o menos acierto, que las luchas entre comunismo y colectivismo provocaron las crisis internas de la FTRE, su decadencia y finalmente su desaparición en 1888. Sin embargo, intentaremos demostrar que la ideología anarco-comunista tuvo muy poco que ver con los hechos y sólo cobró importancia cuando las crisis internas del anarcocolectivismo abrieron brecha suficiente para que penetrase y acabase por hundir el carcomido edificio.

Señalemos algunos de estos análisis, seleccionados entre otros. Temma Kaplan [398], estudiando los primeros enfrentamientos en el seno de la FTRE, afirma:
«Las cuestiones teóricas tomaron formas políticas en el segundo Congreso nacional de la FTRE en Sevilla en 1882, cuando los anarco-comunistas y los anarco-colectivistas se dividieron en torno a los fines a largo plazo y la estrategia a corto plazo, división que reflejaba diferencias fundamentales entre el sindicalismo reformista y el comunitarismo propenso al terrorismo. Los juicios de la Mano Negra añadieron acritud a esta lucha, pero fueron probablemente menos significativos que el crecimiento de la Unión de Trabajadores del Campo y su huelga de Jerez, en junio de 1883, durante la recolección.»

Más adelante continúa diciendo:
«El debate del Congreso de Sevilla de 1882 entre colectivismo y anarco-comunismo también giró en torno a la táctica de la violencia. Los colectivistas temían que la violencia provocara la represión del gobierno sobre las Uniones, mientras que los defensores del terrorismo sostenían que los parados podían usar el terrorismo de manera eficaz contra los terratenientes. [399]»

El resto del capítulo sigue en la misma línea [400]. Díaz del Moral [401], aunque ya establecía diferencias profundas en el seno de la FTRE, lo hacía prudentemente en base a las tácticas, señalando, sin embargo - erróneamente a nuestro entender - influencias del anarquismo europeo en las directrices más radicales.

Se llega por este camino al esquematismo total:
«Les différences profondes qui séparent les anarcho-collectivistes catalans et les anarcho-communistes andalous amènent la désagrégation de la F.T.R.E. [402]»

Partiendo de los datos que hoy poseemos con cierta seguridad podemos esbozar una serie de hipótesis de trabajo que nos ayuden a aclarar el confuso panorama, no desde un punto de vista ideológico, sino mas bien organizativo. En este proceso los periódicos jugaron un papel de primer orden.

Aunque la transición de la organización secreta a la pública se realizó aparentemente sin tensiones, éstas permanecieron latentes, manifestándose en momentos diversos y bajo formas diferentes.

Las primeras disensiones tomaron formas de oposición a la política centralista y al reformismo de la C.F. (la delegación de Arcos en el congreso de Barcelona; ésta misma y otras en el congreso de Sevilla).

La oposición «comunista» de Miguel Rubio en el congreso de Sevilla no tenía - al parecer - nada que ver con el anarco-comunismo que tomó carta de naturaleza en el congreso de Londres de 1881. Además su propaganda no tuvo eco y no pasó de un pequeño núcleo.

Después del congreso de Sevilla, la disidencia en el seno del anarco-colectivismo se diversificó. Por un lado se creó una organización paralela de carácter secreto (la Internacional "Los Desheredados") que celebró sus propios congresos, pero no se escindieron. Sin embargo, esta situación provocó expulsiones en diversas federaciones locales (p.e. Arcos).

Por otro lado se produjeron enfrentamientos entre la C.F. y algunas secciones y federaciones comarcales de Andalucía.

La represión que se inició en esta región, bajo el pretexto de perseguir a una organización secreta conocida con el nombre de «La Mano Negra», estaba encaminada, en realidad, a debilitar a la FTRE.

Aún suponiendo que la tal sociedad hubiera tenido existencia real, como afirma Clara E. Lida que reproduce sus estatutos, éstos no se diferenciaban fundamentalmente de los de la Internacional denominada «Los Desheredados», de lo cual deberíamos concluir que formaba parte de la misma como una sección independiente. Por lo tanto la división - en los medios, que no en los fines - se agudizó por la posición ultralegalista que la C.F. adoptó.

Necesariamente estos hechos debieron tener un peso considerable en el desarrollo de la crisis que afectó de modo grave a la FTRE, sobre todo a partir del congreso de Valencia en 1883.

La C.F. elegida en este congreso precipitó los acontecimientos al iniciar una política de renovación de los estatutos en el sentido de su descentralización. La oposición en estos momentos se manifestó en los partidarios de la política anterior: Juan Serrano y Oteiza y Francisco Tomás.

A la crisis en el seno del anarco-colectivismo se sumó la introducción de las ideas anarco-comunistas, que empezaron a tomar cuerpo en el año 1886, en la populosa villa de Gracia, próxima a Barcelona.

Atacada desde ángulos diferentes, la FTRE fue incapaz de resistir los embates y se vio abocada, como salida a la crisis, a su desaparición en 1888, incapaz de adecuarse a las nuevas prácticas.

De sus restos surgieron dos organizaciones separadas con objetivos diferentes: El Pacto de Unión y Solidaridad, cuyo fin fundamental era la resistencia al capital sin definición precisa y la OARE, organización encaminada a sentar las bases de una revolución en sentido anarquista y de la que, en principio, no se excluía ninguna escuela económica de esta ideología.


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[397Révisions de textes, traductions, notes, appendices, tableaux et cartes aux soins de Renée Lamberet, D. Reidel Publishing Co., Dordrecht, 1969, XXVII + 683 pags.

[398Orígenes sociales del anarquismo en Andalucía, Barcelona, 1977, pag. 155

[399Id. pag. 162. Afirmaciones gratuitas por cuanto no se conoce el desarrollo de los debates y Nettlau - fuente en la que habitualmente bebe la autora - nada dice al respecto

[400Puede verse una aguda crítica a este libro en José Alvarez Junco, «Sobre el anarquismo y el movimiento obrero andaluz», Estudios de Historia Social (Madrid), n.10/11 (1979), 275-297

[401Historia de las agitaciones, op. cit., pag. 131


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