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Capítulo 4º

4.4/ El anarquismo literario: Ciencia Social

El fenómeno que se produjo en España a finales del siglo pasado, cuando una pléyade de intelectuales jóvenes se sintió fascinado por los rasgos indefinidos del anarquismo, no estaba aislado de corrientes que en Europa habían empezado a plantearse, desde la estética, la liquidación del viejo mundo.

«Durante la última década del siglo se complica significativamente el panorama intelectual y artístico de toda Europa. Escritores cultos, a menudo de origen aristocrático o burgués, manifiestan creciente simpatía por el anarquismo, en el cual ven un movimiento rebelde, individualista e innovador. [720]»

Pero esta fascinación quedaba reducida a un vago concepto de anarquismo literario, que en absoluto se cuestionaba su raíz ideológica [721].

En esta efervescencia intelectual, la introducción en España de corrientes de pensamiento individualista al estilo de Nietzsche, Stirner, Ibsen, etc., sirvió de fermento que propició el brote de escritores que usaron su pluma al estilo de dardos envenenados, dirigidos al corazón de una sociedad carcomida por un pútrido pensamiento, incapaz de gestar la menor idea de renovación o regeneración.

Aunque ya se venían manifestando anteriormente, el desastre del ’98 sirvió de aldabonazo, de grito de guerra que puso en pie a un ejército sin uniformes, sin planteamientos tácticos, ni bases logísticas. Solo una idea los guiaba: la rebeldía contra la inercia y la pasividad de una clase dirigente enseñoreada de una España que apenas despertaba de un letargo secular.

Y los escritores: filósofos, artistas, literatos y poetas, descubrieron el lado romántico de un anarquismo que, después de organizar el movimiento obrero durante más de dos décadas, y haber combatido con todas las armas a su alcance la explotación del sistema, parecía postrado. Aparentemente solo le restaba el atentado personal, el supremo sacrificio del individuo, inmolado en aras de una mayor justicia social.

Parecería lógico pensar que en ausencia de un movimiento obrero poderosamente organizado. Con la corriente ideológica anarquista puesta fuera de la ley, se revitalicen las ideas de un anarquismo intelectual etéreo que se desvanece al más mínimo soplo de pulsión viva y consciente del movimiento que de nuevo - por causas diversas - resurge y se reorganiza planteando una vez más las viejas cuestiones no resueltas.

«El auge de este movimiento ocurrió en los años inmediatos al descalabro colonial, pero su vida fue efímera: con la llegada del nuevo siglo, fueron otros los senderos literarios que se ofrecieron a los jóvenes», afirma Clara Lida [722].

Y además el vacío que habían venido a llenar ya empezaba a ser cubierto por quienes de nuevo volvían a la lucha, desplazando con actos las palabras, podríamos añadir nosotros.

Fueron muchísimos los intelectuales que en un momento de su vida se sintieron atraídos por las ideas anarquistas. No solo entre los jóvenes, también Joaquín Dicenta, Sawa, Bonafoux o Eduardo Marquina, entre otros muchos sintieron su influencia. Miguel de Unamuno confesaba: «Mi fondo era y es, ante todo, anarquista. Lo que hay es que detesto el sentido sectario y dogmático en que se toma esta denominación… [723]»

Pero el que más entusiasmado se mostró fue, sin ningún género de dudas, José Martínez Ruiz [724].

Aunque este anarquismo literario tuvo sus propios órganos de expresión en revistas como Germinal o Prometeo [725], no es nuestro cometido analizarlas. Nos interesa descubrir las posibles influencias en revistas anarquistas.

Efectivamente, desde mediada la década de los noventa del siglo pasado, hasta bien entrada la primera del siguiente, es corriente encontrar en los periódicos y revistas anarquistas las firmas de intelectuales más o menos consagrados.

Una de estas revistas surgidas al calor del interés por el desarrollo de la propaganda anarquista y del estudio teórico de los problemas sociales fue Ciencia Social [726].

Esta revista puede considerarse con toda legitimidad digna heredera de Acracia. Comenzó a editarse por iniciativa de Cayetano Oller - inteligente tipógrafo - y un grupo de jóvenes trabajadores que intentaban captar el interés y el apoyo de jóvenes universitarios [727]

El programa de la revista - implícito en el título - era muy amplio:
«Queremos recoger, condensar y metodizar cuanto se sabe acerca de las relaciones humanas para fortalecer el criterio emancipador y dar a la voluntad la energía que únicamente obtiene por la posesión de la verdad. [728]»

El primer intelectual que colaboró activamente en ella fue Pedro Corominas [729]. Gracias a él se logró también que aportase sus trabajos Miguel de Unamuno [730]. Asimismo son de destacar las colaboraciones de Pedro Dorado y Jaume Brossa, entre otros.

Según Arbeloa, el director fue Anselmo Lorenzo [731], quien tuvo, desde luego, una participación muy destacada, al lado de Fernando Tárrida, Ricardo Mella y Enrique Vives.

La bomba de Cambios Nuevos pondría fin a la que parecía una fructífera simbiosis entre un intelectualismo anarquizante y un anarquismo abierto a las nuevas ideas de renovación.

La mayor parte de los redactores fueron encartados en los trágicos procesos de Montjuic. Incluso Pedro Corominas, acusado de instigador del atentado, fue juzgado, pidiendo el fiscal para él la pena de muerte. Casi un año pasó en los tenebrosos sótanos. «Los pobres infelices entre los cuales vivo hace medio año, sin perderles de vista más que en el sueño, son ejemplos vivos del desorden producido por una idea grande en un cerebro pequeño. No conciben una obra buena que no hable de la cuestión social. [732]»

Era la monomanía de quienes se creían obligados a seguir los ásperos caminos de la lucha social. Que Pedro Corominas, escritor nada sospechoso de prácticas anarquistas, fuera también implicado en los susodichos procesos, puede dar una idea del alcance de la represión que como huracán devastador se desató sobre el movimiento anarquista [733].


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[720Lida, «Literatura anarquista…», art. cit, pag. 361

[721El término es acuñado por Azorín. Vid. Anarquistas literarios, Obras Completas, t.I, cit., por Lida, art. cit.

[722Art. cit., pag. 364

[723En carta de éste a Federico Urales, Evolución…, op. cit., pag. 163, cit. por Lida, art. cit., 363

[724Inman Fox, E., «José Martínez Ruiz (sobre el anarquismo del futuro Azorín)», Revista de Occidente (Madrid), IV, 35 (feb 1966), 157-174. Para una bibliografía periodística del mismo en esos años críticos, vid. Inman Fox, «Una bibliografía anotada del periodismo de José Martínez Ruiz (Azorín), 1894-1904», Revista de Literatura (Madrid), XXVIII, 55-56 (jul./dic. 1965), 231-244

[725Entre otras muchas de finales de siglo. Véase, German Beiberg, «Algunas revistas literarias hacia 1898», Arbor (Madrid), XI (1948), 465-480. O también, Pérez de la Dehesa, R., El grupo «Germinal» una clave del 98, Madrid, 1970.
En este mismo contexto deben situarse dos periódicos editados por Luis Bonafoux en París entre 1898 y 1904: La Campaña y Heraldo de París que Inman Fox analiza bajo el significativo título de «Two anarchist newspapers of 1898», Bulletin of Hispanic Studies, (Liverpool), XLI, 3 (jul. 1964), 160-168

[726Apareció en octubre de 1895

[727Pere Corominas, «La fin tragique de Miguel de Unamuno» Bulletin Hispanique (Bordeaux), LXII, 1 (ene./mar. 1960), 68

[728«Circular prospecto», por La Redacción, Ciencia Social (Barcelona), I, O (jul. 1895), IV

[729«Educación inmoral», n.1 (oct. 1895), 6-10, un artículo de crítica demoledora contra la decadente sociedad burguesa. Se publicó también una «memoria, más bien rancia de Pompeyo Gener»

[730El primer artículo, «La dignidad humana», apareció en el n.4 (ene. 1896), 97-102. Publicó también, «La crisis del patriotismo», n.6 (mar. 1896), 161-166, etc.

[731«La prensa obrera», art. cit., 131. Nosotros no tenemos ninguna constancia de ello, pero es muy probable que así fuera

[732Carta de Corominas a Miguel de Unamuno fechada el 18 de febrero de 1897 en Bulletin Hispanique (Bordeaux), LXI, n.4 (sep./nov. 1959), 395

[733La acusación contra el referido se basaba en dos conferencias culturales que había desarrollado en un ateneo obrero


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